Viena, el imperio no se rinde



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¿Por qué debería ir?

Con su modernísimo Barrio de los Museos, recién hecho, cuyos cafés y restaurantes no cierran ni de día ni de noche, la majestuosa capital de Austria está demostrando que mira al futuro sin olvidar que ha sido un ejemplo en el pasado. Todavía tiene revoluciones que encabezar en el arte y en la vida de la gente. Por eso se llena de extranjeros que quieren escuchar un vals en el palacio de Sissí, la Emperatriz, conocer las casas de genios de la música, los cafés llenos de historia y, naturalmente, los dulces secretos de la Sachertorte. Pero también quieren salir de fiesta y perderse en El Triángulo de las Bermudas, ver su gran Teatro de la Ópera y las casas medievales que vienen andando desde el año 700. Viena, capital imperial de los nobles placeres, nunca se rinde.

¡No se lo pierda!

Barrio de los Museos. Es toda una revolución. Hay que ir a verlo. El enorme Museums Quartier, terminado a mediados del 2001, ya es considerado uno de los diez centros culturales más grandes del mundo, y de los mejor orientados al futuro. Lo comparan con el Mall de Washington y la Isla de los Museos de Berlín. Junto a todas las expresiones del arte y a unas 20 instituciones culturales, se ha desarrollado un amplio sector de restaurantes, cafés, librerías, casas de música, todo lo que se necesita para la entretención. Hay sectores de servicios, como restaurantes, que funcionan las 24 horas del día los 365 días del año. Un cambio que quiere cambiarlo todo en materia de arte: cultura unida a la diversión (Ver más en A qué museos ir).

Carnaval de enero. Sin miedo al invierno, se mantiene la tradición de celebrar un carnaval en enero y, a veces, parte de febrero. Se trata principalmente de grandes bailes populares y ferias, que duran alegres semanas. Parten con el Baile del Emperador en el Palacio Imperial de Hofburg, y hasta el final de la temporada se celebran unas dos mil manifestaciones de carnaval en Viena, de las cuales 300 son encuentros al compás de la orquesta. Los bailes más populares son el de la Ópera, el de los Deshollinadores y de los Filarmónicos de Viena. Durante un mes, Viena es un ejemplo de fiesta callejera sin pausa. Ocho mercadillos se despliegan por los barrios del Centro. El extranjero descubre que puede recorrerlos de barra en barra, combatiendo el frío y el viento con vino caliente. Cada puesto tiene recetas distintas de vinos, y los curiosos, claro, terminan mareados. Hay un trago para niños o para quienes no toman alcohol, sobre la base de jugos de frutas y trozos de bayas. Hay una batería de tragos, estimulantes, con un alcohol caliente como base, de ron, whisky, ginebra, brandy o aguardientes. Los vinos calientes son ponches más ligeros y un inteligente pretexto popular para los males de invierno, aromatizados con canela, llenos de empapadas frambuesas, moras y grosellas. Dicen que las frutas ácidas que vemos en el fondo de los jarros son una botica repleta de vitaminas que previenen el catarro.

Palacio Imperial. El Hofburg no tiene uno sino varios palacios imperiales. En él se ha radicado el poder austriaco desde hace más de seis siglos. Los sucesivos gobernantes dejaron sus huellas; entre otros, los Habsburgo. Fue residencia imperial hasta 1918, año en que nació la República de Austria. En las lujosas salas barrocas de Hofburg celebraba el emperador sus grandes fiestas. Ahora, el alegre carnaval de enero se inicia con el Baile del Emperador en el Palacio. En este enorme conjunto fuera de los antiguos aposentos imperiales, hay varios museos, una capilla, una iglesia, la Biblioteca Nacional Austriaca, la Escuela de Invierno de Equitación y el despacho del presidente de Austria. La entrada más habitual de los visitantes es por la Plaza de los Héroes o HelderPlatz, mezcla de puerta de acceso y arco de triunfo, que se abre a una gran plaza en la que destacan el monumento a Francisco I y la fachada del Palacio. Pagando es posible visitar los aposentos del emperador; el palacio tiene una admirable colección de vajillas y platería. En la Schatzkammer, Cámara del Tesoro, se pueden ver muchas de las joyas y cetros de oro que poseían los emperadores de Austria, sus vestimentas, muchas de ellas mostradas en las películas de Sissí. De la joven emperatriz se puede seguir su vida en los aposentos imperiales, la iglesia de San Agustino, donde se casó, hasta su último descanso en la cripta de los Capuchinos. Un poco más lejos del palacio imperial se ven los palacetes del presidente y canciller de la República. Por ese sector, a través de uno de los enormes patios se permite al acceso a la citada Cámara del Tesoro y a la Escuela Española de Equitación (ver en esta sección). Los Niños Cantores de Viena se presentan en la Capilla Imperial los domingos, pero para ingresar es preciso comprar las entradas con mucha anticipación, ojalá desde el país de origen. Finalmente existe la alternativa de recorrer el gran parque (el Burgarten), que tiene un famoso monumento a Mozart. Es recomendable acercarse a la Biblioteca Nacional, obra maestra de la arquitectura barroca en Austria, con un solemne exterior estilo neoclásico francés y una brillante decoración interior en la que sobresale el techo oval de la cúpula.

Schönbrunn. De los personajes populares de Austria, ninguno más romántico que Sissí, y tras sus huellas muchos -pero muchos- llegan hasta este palacio de verano, al cual se puede acceder por el espléndido metro de Viena. En él, Sissi mantenía un zoológico, en que no faltaban ciervos. La residencia exige una visita prolongada, pues tienen 40 aposentos, cuyo lujo da testimonio del esplendor de la vida cotidiana de la corte en la época de la emperatriz María Teresa. Al lado del palacio podemos reconocer la carroza de la coronación en el Museo de Carruajes, y el Teatro de Marionetas divierte con mucha fantasía a todos. En la glorieta del parque, montada sobre una colina detrás del palacio, se puede tomar un café mientras se disfruta de la vista sobre la ciudad. Un laberinto y los invernaderos -la Casa de las Palmeras- con plantas exóticas, pueden agregarse al interés de este llamativo palacio.

Belvedere. El conjunto palatino del Belvedere, a las afueras de Viena, es otra obra maestra del barroco germano. Fue residencia de Eugenio de Saboya y obra de Von Hildebrandt. Tiene una fabulosa colección de Klimt en la Galería Austriaca.

Lugares inolvidables. Catedral de San Esteban. La insignia de Viena con sus tejas policromas dispuestas en rombos. Es del sigo XII. Vale la pena visitar su cripta… con miles de osamentas a la vista. Y conocer su histroia y sus por qué. Desde su torre sur es posible obtener una estupenda vista de la ciudad. Tiene casi 140 metros. 345 peldaños… y un ascensor. Es la Torre del Águila. Pasaje Ferstel. El palacio comercial más elegante y bello de Viena, neogótico y renacentista, con cafés, galerías de arte, hermosas fuentes y tiendas. En su interior se halla el café principal de Austria, el Central. Alguien bien enterado afirma que Trotsky planeó aquí la revolución soviética, y que no pagó cuatro consumos, o que no pago el consumo de cuatro. Eso no está claro. El pasaje Ferstel se halla cerca de la Schottenkirche y del palacio Harrach. Wipplinger Strasse. Calle excepcional por la suntuosidad y cantidad de mansiones y palacios. Se puede llegar caminando desde el corazón de Viena, que es la Stephansplatz. Calle Blutgasse. Se halla casi intocada desde el año 700, y la edad se nota en sus casas de 2 o 3 pisos. Se encuentra junto al sector de la calle peatonal y comercial Kärntnerstrasse.

El Danubio no Azul. Strauss hizo popular el nombre de Danubio azul, aunque nadie recuerda haberlo visto de ese color. Nunca, parece, salvo el poeta Karl Isidor Beck, cuya imagen llega borrosa hasta nuestros días. Lo único claro es que debió ser daltónico. Stanley Kubrick usó la música de Danubio Azul para realizar 2001, odisea del espacio, en las imágenes donde las galaxias se reconcilian. Este famoso Danubio no tuvo la delicadeza de entrar al centro de Viena. Existe, eso sí, la Isla del Danubio, la Donau Insel, formada por un brazo artificial del río, buena para los deportistas. ¿Importa el color del Danubio? Parece que sí. Uno de sus defensores pide, ruega: No hagan caso de los aguafiestas que hablan de su color terroso, común a tantos ríos. Es azul. Lo dijo Strauss. Pero ni Strauss se salva con su Danubio Azul. El músico Wagner, máximo exponente de la música romántica, dijo del vals de Strauss que le parecía una fiesta de pieles rojas. Nada de estas discusiones preocupan a los turistas, que toman cruceros que los llevan por este gran río de Europa.

Prater para ver Viena. Este parque es un lugar grato, con poco tránsito de vehículos, especial para caminar o andar en dos ruedas. Lo más llamativo es su rueda estilo parque de diversiones, con carros color rojo, que aparece en la versión que hizo el cine de la novela de Graham Greene El tercer hombre. Alcanza a los 64 metros de altura, y desde ella se puede contemplar la ciudad. Se llama Ferris.

Escuela de Equitación Española. Pareciera ser la escuela de equitación más antigua de Occidente. Fue creada en 1572 con caballos andaluces, los más apreciados en Europa. La doma clásica se practica en su forma más pura; tal y como se difundió en el Renacimiento. En 1735, el emperador Carlos VI encargó su construcción al gran arquitecto de la corte Josef Emanuel Fischer von Erlachen. La Escuela de Equitación de Invierno (por eso es techada) se levantó cerca del Palacio Imperial, Hofburg, y es allí donde los jinetes de la escuela entrenan a sus caballos y realizan sus espectáculos. En 1920, ya en la República, las representaciones fueron abiertas al público. El edificio, con una sala de gran belleza, tiene 56 metros de largo, 18 de ancho y 17 de alto. Se le considera una auténtica obra de arte de carpintería interior. Bajo su techo de color marfil han tenido lugar importantes eventos históricos: Händel y Beethoven estrenaron aquí algunas de sus obras más importantes, y sirvió de hogar al primer Parlamento Austriaco en 1848. Resulta muy difícil conseguir boletos. La mejor manera es adquirirlas con unos tres meses de antelación. Si no hay entradas, al menos se puede ver el ensayo todos los días, entrando por Josephplatz.

En victoria sobre la nieve. Una de las opciones más atractivas para visitar el centro histórico es subir a un coche de caballos y dejarse llevar por la Ringstrasse. La época superior es la del invierno, con nieve. Los cocheros van uniformados y, cuando el tiempo se pone frío, ofrecen mantas a los pasajeros. Y una copa de licor. La Ringstrasse. Es una calle de cintura, un anillo que encierra el centro histórico de la ciudad. Se construyó donde antes estuvieron las murallas defensivas, levantadas primero contra los turcos. Hay nueve distritos turísticos, todos dentro del Ring, vía terminada a fines del siglo XIX. Al recorrerla vamos descubriendo mansiones; monumentos -muchos a músicos, naturalmente-; templos musicales como Konzeerthaus, Musikverein y la Casa de la Ópera; los Museos de Historia Natural y de Bellas Artes, y más allá, soberbio, el conjunto de Hofburg, seis siglos residencia real, hasta 1918. Junto a él, el gran Parque Burgatten, el Ayuntamiento, el Parlamento, el Teatro Nacional, una de sus universidades y ahora, el Barrio de los Museos o Museums Quarter (ver En Bicicleta, de la sección Si tiene más tiempo).

Si tiene más tiempo

El Hotel Imperial. Puede costar el doble que un 5 estrellas normal. Ni pensarlo para ir de turismo, pero creemos obligatorio echarle una mirada, y ojalá visitar una habitación con el anuncio de próxima visita de novios… El palacio fue inaugurado en 1873 por el emperador Francisco José. Hoy parece más cómodo y lujoso que cuando era el palacio imperial. Ha sido restaurado con sumo cuidado conservando el encanto del típico estilo vienés. Tiene 138 habitaciones, todas espaciosas, meticulosamente decoradas con muebles antiguos y confortables. Tiene baños elegantes y casi tan grandes como las habitaciones de otros hoteles de Viena. El salón delcafé es muy recomendable; en él se puede tomar algo mientras se escucha música. Cuenta, además, con todas las comodidades propias de un hotel moderno de lujo. Cerca de la Ópera, de la catedral de St. Stephan y de la zona comercial de Käerntnerstrasse. La habitación individual más sencilla vale unos 400 dólares. La mejor suite, 3.700 (Kärnter Ring, 16). Los que toman te en el hotel reciben los trozos de Sachertorte con un adorno del escudo imperial en letras doradas.

Hotel Altstadt. Es un capricho el alojarse en esta casa-hotel o sólo visitarla. Se encuentra dentro de un antiguo y señorial edificio y cuenta con varias suites extraordinarias, decoradas con mucho refinamiento. Le llaman el hotel de los artistas, porque éste es el lugar preferido para éstos y porque toda su decoración es una auténtica obra de arte. Kirchengasse, 41.

Tours de criptas. También se visitan alcantarillas de Viena, que salen de lo común. Se ofrece otro tour que tiene propósitos explícitos, con visitas a antros para glotones, borrachos, jugadores y vividores. Nunca encontramos un cupo. Informaciones en el aeropuerto, en la peatonal Kärtnerstrasse 38 (oficina de turismo) y en la estación ferroviaria Westbhanhof.

Viena modernista. El estilo Jugendstil. Fabuloso intento modernista de reinventarse a sí misma. No hay que olvidar, en cualquier visita, programar un itinerario Jugendstil con los ejes urbanísticos de Otto Wagner y Alfred Loos.

En bicicleta. Viena tiene cerca de 900 kilómetros de vías para bicicleta. Pero si junto con hacer ejercicio y pasear queremos conocer lo mejor de la ciudad hay que limitar el recorrido. Intente este que le recomendamos: el centro y la calle-anillo que marca las fronteras de la Viena medieval: la Ringstrasse, construida sobre el espacio que dejaron los muros defensivos que ordenó demoler el emperador Francisco José. Puede demorar un día si visita los lugares principales y come sin prisa. Empecemos el recorrido en el parque Prater, que tiene una enorme rueda, por la cual muchos reconocen la ciudad. Desde ella se puede ver el área que nos interesa. Desde el Prater salimos pedaleando por una gran avenida arbolada, la Hauptalle, para llegar a las calles del centro histórico. Cerca se encuentra la famosa casa imaginada por un pintor, la Hunderwasserhaus, y el Kunst Haus Wien, dos obras cumbres del talentoso Hunderwasser. Luego de disfrutarlas tomaremos rumbo al anillo, a la Ringstrasse, que está repleta de cosas para ver. Primero la Postprakasse y luego el Stadtpark, y en el parque, la estatua de un Johann Strauss quieto, no bailando vals. Paradas imprescindibles son las del corazón de Viena, la Karlsplatz y la Karlskirche, templo barroco edificado luego de finalizada una epidemia de peste. La Staatsoper, o Casa de la Ópera, los monumentos a Schiller y Goethe, y la Academia de Pintura. Justo detrás del monumento a Goethe se encuentra el Nuevo Palacio Imperial, el Museo de Historia del Arte y el Museo de Historia Natural, que según muchos son los mejores museos de la ciudad. Casi al frente aparece la gran novedad, el Quartiers Museum, 60 mil metros cuadrados con museos, salas de exposiciones y otros centros de cultura, con restaurantes y un barrio anexo lleno de vida, al estilo Barrio Latino. Para arrendar bicicletas hable en el hotel o en Pedal Power (Ausstellungstrasse 3).

Conozca su historia

Viena ha sido cabeza de imperios enormes, y eso, naturalmente, excita el orgullo de los vieneses cuando recuerdan su pasado. Al salir de la plaza de la Ópera con una grabación para turistas pinchada en la oreja, un cronista tuvo que escuchar la siguiente afirmación: El país de los Habsburgo llegó a reinar en América latina por medio de la corona española. Suena como un exceso, pero la verdad es que Viena con los Habsburgo y en otras épocas supo de imperios donde casi no se ponía el sol. Fue capital del Sacro Imperio Romano germánico y de los imperios austriaco y austro-húngaro. Su más remoto antecedente es un campamento celta instalado por el Imperio Romano, para proteger su frontera sur: se llamó Vindobona en latín Desde el siglo X, la dinastía germana de Badenberg gobernó Viena durante casi 300 años, en los que destacó como centro comercial. Ya era ciudad imperial en el año en 1237, por decisión de Federico II. Más tarde, en el siglo XIII, pasó a depender de los Habsburgo. En el siglo XVI ya era residencia permanente de los emperadores de Alemania. Sitiada por Solimán II y 120 mil soldados, logró resistir, y 40 mil turcos murieron. Luego soportó otros sitios. Una muralla fortificada protegía a la ciudad. En 1723 fue declarada capital del imperio austriaco después de la abdicación de Francisco como emperador de Alemania. Estuvo ocupada en dos oportunidades por la Francia de Napoleón, a principios del siglo XIX, cuando ya era una de las capitales de la música universal. A mediados del mismo siglo, el emperador Francisco José hizo transformaciones urbanas muy importantes; la principal, demoler las murallas que rodeaban la ciudad, y construir el anillo vial, el Ring o Ringstrasse, que es la vía principal de Viena hasta hoy. Después de la primera guerra mundial, luego de que abdicara Carlos I, fue proclamada la República de Austria, y así Viena murió para siempre como capital imperial. Veinte años después fue invadida y anexada por la Alemania de Hitler -que había nacido en Austria, en el pueblo limítrofe de Braunau-, y luego de la derrota nazi pasó al control de las tropas aliadas. Recobró su independencia en 1955. Viena es ahora una enorme cabeza de un pequeño país. Un gran país para el turismo, la música y la historia.

Dónde se ubica

Austria, país sin acceso al mar, tiene las costas más próximas en el Adriático. Se halla en el Sur de Europa Central y tiene a su capital, Viena, en su extremo oriental, a orillas del Danubio en el lugar donde la cuenca de este gran río desciende de los Alpes. La gran cadena montañosa de los Alpes atraviesa el país de oeste a sur. Más al norte se extienden las grandes llanuras de tierras bajas, que forman la cuenca del Danubio, a la cual pertenece Viena. Con una superficie de sólo 83.858 kilómetros cuadrados, tiene fronteras que la unen a Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Italia, Suiza y al principado de Liechtenstein. Viena se encuentra a 540 kilómetros de Berlín, a 1.398 de París y 2,029 de San Petersburgo.

Su clima Durante el verano de Viena (invierno del Hemisferio Sur) el día puede ser ligeramente caluroso; nunca llega en promedio a 30° C, pero se siente bastante húmedo, y se usa muy poco el aire acondicionado. Sus noches son frescas, no necesariamente frías (entre 10 y 15° C). Muy distinto es el invierno. Las diurnas apenas suben de cero, y las nocturnas son, en promedio, bajo cero, levemente. Viena y viento andan juntos gran parte del año. Tiene nieve entre finales de diciembre y hasta fines de febrero. Llueve poco. Puertas adentro, la ciudad está preparada para enfrentar el frío, y también es grato el transporte público.

La mejor época para visitar Viena es mayo y junio o, septiembre (ópera y teatro) y octubre.

A qué museos ir Museo de Historia Natural. Incluye la famosa Venus de Willendorf, de 26 mil años, tal vez la figura humana más antigua que se conoce, que al parecer representa la fertilidad, como otras de su mismo género. Importantes colección de restos de dinosaurios, piedras preciosas y otras petrográficas y antropológicas. Muchas formaron parte de la gran colección de Francisco I. Se halla frente al Museums Quarter.

Belvedere. En este palacio de Enrique de Saboya vivió el archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato en Sarajevo precipitó la primera guerra mundial. Es uno de los edificios barrocos más hermosos del mundo, obra de Von Hildebrandt, dividido en dos, con varios museos. El Belvedere Alto, en su Galería Austriaca, despliega la obra del secesionista vienés Klimt, el expresionista Kokoschka y el secesionista Egon Schiele. Además, grandes impresionistas franceses y la colección Biedermaier más importante del país (estilo surgido en la primera mitad del siglo XIX). Para subir al segundo piso utilice la hermosa escalera, en lugar del ascensor, y disfrute la gran sala, no sólo las pinturas.

Museums Quartier. Un enorme espacio destinado a distintas expresiones del arte, del coleccionismo y museografía, instalaciones lúdicas, escuelas de arte y de danza, centros de festivales internacionales y muchas otras actividades, que apuntan a la innovación en la cultura. Fue inaugurado durante el 2001, por etapas. En el patio interior de las caballerizas del Imperio se instalaron importantes museos, áreas de esparcimiento, restaurantes (funcionan hasta las 4 de la madrugada) y se hizo una conexión con el antiguo barrio de trabajadores transformado en una gran variedad de tiendas, tabernas, librerías. Nunca estuvieron tan cerca aquí el ciberespacio con los viejos maestros clásicos, el arte moderno y la diversión por la diversión, el barroco y los viajes de fantasía a lugares lejanos. Todo un barrio cultural y de esparcimiento en el centro de la ciudad, junto a otros museos, los principales de la ciudad. El Museums Quartier ya es considerado uno de los diez centros culturales más grandes del mundo, y de los más orientados al futuro, aunque ha estado sometido a críticas por teóricos del arte, mientras otros le comparan con el Mall de Washington y la Isla de los Museos de Berlín, Museuminsel. Entre sus museos y salas de exposiciones sobresalen los siguientes: Leopold Museum. En un cubo blanco, la colección Egon Schiele, obras maestras de Klimt, Kokoschka, Gerstl y Egger-Lienz entre otros. Mumok (Museo de Arte Moderno Fundación Ludwig de Viena). En un cubo oscuro, redondeado, el mayor museo centroeuropeo de arte moderno y contemporáneo. La fachada de su edificio está recubierta de lava basáltica de color gris antracita y el interior está diseñado en un estilo futurista. Pop-art, fotografía realista, Fluxus, Nuevo Realismo y el Accionismo vienés, instalaciones y obras de arte contemporáneas. Zoom Kindermuseum, un experimento pedagógico.
Kunsthale. Es una de las salas de exposición de arte contemporáneo más vitalistas de todo el mundo. Fotografía, vídeo, cine y nuevos medios de expresión y comunicación. Grandes exposiciones temáticas. No podemos abandonar Viena sin visitar el Museums Quartier o MQ.

Museo Habitación Freud. Museo privado. Fue en el número 9 de la calle Bergasse donde el padre del psicoanálisis pasó la mayor parte de su vida, hasta la irrupción del nazismo. Se abrió como museo en 1971 en ceremonia solemnizada con la presencia de su hija Anna Freud. Conserva algunos muebles originales de su consulta, y de la consulta de su hija. Tiene biblioteca con unos 25 mil libros y documentos. En su casa, uno descubre que se carteaba con Albert Einstein, que era amigo de Maria Bonaparte, que dijo que el emperador Francisco José tenía un aire tan poco caballeresco como un vendedor de escobas. Freud pertenece a familias judías muy antiguas de Austria. Ya en el siglo XII hay evidencias de hebreos en Viena, luego de algunas persecuciones, y de su participación en el movimiento artístico Secesión. Entre ellos, muchos grandes protagonistas en la última época del imperio, en casi todas las actividades: Mahler, Oskar Strauss, Elías Canetti, Kart Krauss, Stefan Zweig, Otto Preminger, Freud, Adler, Schönberg, Max Reinhardt, Kart Popper y decenas más.

Museo de Bellas Artes. Mucho más que un museo para mostrar colecciones. Su edificio principal es admirable. Tiene gran biblioteca y otros servicios de calidad. Exhibe auténticos tesoros del Antiguo Egipto, Grecia y Roma, del clasicismo italiano, de Tiziano, Durero, Velázquez, Rubens, Caravaggio, Rembrandt, Bruegel y su notable Torre de Babel, y otras expresiones del arte y una gran colección numismática. De este museo dependen colecciones exhibidas en otros palacios de Viena, como el Museo de Éfeso, Museo de Etnología, la Cámara del Tesoro, la Colección de Instrumentos Musicales Antiguos

Casa de Schubert. Vivió sólo hasta los 31 años, y compuso 1.500 sinfonías y obras orquestales, coros, instrumentales, óperas, operetas, música de cámara y especialmente los lieder. Metódico, sólo componía todas las mañanas. En las tardes, paseaba o hacía visitas, y en la noche se reunía con amigos. Se exhiben instrumentos, partituras, sus lentes, sus cosas. Una de las fondas donde se divertía con los amigos sigue activa en Rengase,1. Se llama Zum Römischen Kaiser. Ahí tocaba el piano y estrenó su Canto de lamentaciones del pastor. En otra fonda siguen sirviendo las comidas vienesas que gustaba comer el compositor: la Zum alten Blumenstock, en la bella Ballagasse, 6, y otra, no lejos, en Singerstrasse, 28, llamada Zu dendrei Hacken. Dirección de su casa: Nussdorfer Strasse, 54. Albertina Graphic Arts Collection. Probablemente la más grande e importante colección de gráficos en el mundo. Unos 60 mil dibujos y cerca de un millón de reproducciones gráficas. Augustinerstrasse, 1.

MAK (Museo de Artes Decorativas). Sobresalen los objetos de uso doméstico, especialmente estilo Sezession, el modernismo austriaco. Recientemente renovado, ejemplo de cómo un viejo museo cobra vida y se convierte en expresión del estilo contemporáneo. Lugar de experimentación donde diversos diseñadores internacionales han reordenado los espacios y las piezas. Buena tienda y restaurante. Stubenring, 5, en el noreste del Ring, cercano a la Catedral.

Dónde comer rico

Mercado del goloso. La cocina vienesa es heredera de los tiempos imperiales, de tradiciones culinarias de toda Europa; de reposterías propias y ajenas. Sólo un viajero apresurado puede creer que Viena gastronómica es sólo ‘apfelstrudel’. Hay mil formas de comer bien en Viena, y casi ninguna para comer mal, aunque partamos por el tradicional mercado de toda gran ciudad, aquí llamado Naschmarkt, el mercado de los golosos. Tiene platos ricos y de calidad confiable. Encontrará caviar persa, sushi o pollo Tandoori indio, Döner Kebab, y hasta ostras (tomar las líneas de metro que lleven a Karlplatz). Cierra a las 6,30 de la tarde, salvo el sábado, que lo hace a las 5. Linke Wienzeile, a orillas del río Viena.

Cinco tenedores. Venados, jabalíes, corzos, faisanes. En invierno, los menús proponen sobre todo ganso y pato asado, y platos de caza como el rehrücken, lomo de venado. Es la comida vienesa, propia de las grandezas del Imperio Austro-Húngaro, del Congreso de Viena -que quiso arreglar el mundo después de las guerras napoleónicas-, de la etapa Biedermeier. Dominan la carne hervida, blanda, la Tafelspitz; la escalopa vienesa que viene de Milán, rebasa el plato; también los asados de venado, jabalí, de buey y vaca. Las sopas. Los gulash húngaros, los peces de río, la trucha en especial. La cocina vienesa es la única entre las cocinas famosas que no recibe su nombre de un país sino de una ciudad. Entre los restaurantes buenos, lujosos y de precios altos, podemos señalar los siguientes:

Do & Co. Excepcionales cartas asiática y austriaca. De insuperable vista a la catedral. Stephansplatz, 129. Restaurante-librería Babette’s. Sus dueñas cocinan, y lo hacen como diosas. Es uno de los lugares distintos de Viena, donde después de comer se pueden comprar libros de gastronomía bien aconsejados. Mühlgasse, 9-3B.

Steirerek/Relais&Chateaux. Carta de comidas sabrosas y livianas, originales de distintas regiones austriacas, próximas a nueve fronteras diferentes. Bodega de vinos en bóveda, para visitar. Rasumofskygasse 2, centro de Viena.

Korso. Forma parte del Hotel Bristol y su maitre es Reinhard Gere, que ha tenido a su cargo algunos de los mejores restaurantes de Viena. Pruebe el Tafelspitz con Semmelkrenn, la perca con salsa a base de pimientos rojos, y el tartar de pescado con salsa de mantequilla. Mahlerstrasse, 2.

Chrinor. El responsable de la cocina es Christian Voithofer. Estamos en uno de esos restaurantes que milita en el grupo vienés de los ’Jóvenes Salvajes’. Kirchengasse, 21.

Indochine. Alta cocina asiática, refinada, exquisita, una expresión más de la invasión amarilla que regocija a Occidente con sus comidas. Un lugar de última. Stubenring, 18.

Otras mil opciones. Fuera del mercado de los golosos y el de los Cinco Tenedores, hay muchas maneras distintas para comer con placer en Viena. Desde luego, en las tabernas o restaurantes tradicionales, llamados beisel -las sopas son muy sabrosas, y muchas veces llevan knödel, con distintos rellenos-, y en los puestos de salchichas de la estación ferroviaria, o en la calle, absolutamente confiables y deliciosas, un tipo de comercio que la gente aquí llama würstelstand (tienda de embutidos). En la sección Vida nocturna hablamos de los haurigen o stadhaurigen. Ofrecen vino blanco nuevo, y lo acompañan con algo de cecinas. La comida es excelente, y no tiene por que ser demasiado cara si busca restaurantes normales, donde comen los trabajadores o los oficinistas. Y por precios razonables encontrará el recetario burgués de la caza centroeuropea y la invasión de la fusión oriental, los ‘jovenes salvajes’ y hasta lujosas o sencillas sorpresas en plena calle. El mercadillo del barrio de Spittelberg, junto al Museums Quartier, es el más artístico, el más imaginativo y, tras los quioscos callejeros, puertas y ventanas se abren a un mundo bohemio de cafés y pequeñas enotecas, de restaurantes con aromas irresistibles.

Todo lo dulce. Hay una agria guerra aquí, y eso es bueno saberlo. Dos grandes pasteleros se disputan el secreto de la torta más famosa desde 1832: la Sachertorte, inventada por un aprendiz de pastelero de 16 años que le dio su nombre: Ranz Sacher. Han llegado a los tribunales. Uno es el clásico Hotel Sacher, que la prepara con el nombre Original Sachertorte, y el otro es la refinado café Demel, del siglo XVIII, que la bautizó Original Eduard Sachertorte. La primera se encuentra en Philharmonikerstrasse 4, y la otra, en Kohlmarkt 14. Ambas casas son excepcionales en su calidad. Escoja la dirección más próxima. Por si no ha tenido el placer de conocerla, le diremos que se trata de una especie de bizcocho achocolatado cubierto de chocolate negro, con un relleno de mermelada. Es sólo una de las causas de la gran fama de la repostería vienesa. Esta se inició en el siglo XII con tradiciones bizantinas y árabes, gracias a matrimonios reales en que se cruzaban distintas historias de conquistas e invasiones. La Sachertorte nació en las cocinas del canciller Metternich.

Café y mazapán. Un lugar donde encontrar auténtico mazapán es en el histórico café Demel, fundado en 1786. A esta casa llegaron la receta y los ingredientes desde Lübeck, Alemania, y desde aquí el mazapán se propagó por el planeta. Sus sucesores han mantenido la tradición artesanal, con innovaciones estéticas, artísticos envases que permiten sintetizar el gusto de dos siglos. Tiene vitrinas hechas en mazapán por una escultora. Por aquí pasaron parroquianos tan célebres como Hegel, Freud y también Einstein (Kohlmarkt 14). Hay mil cafés en la ciudad, todos originados en una partida de granos decomisada a los turcos en 1683, que la intendencia creyó que era alimento para camellos. Alguien la sacó del error, instaló una cafetería y desde entonces el vicio del café se fue extendiendo hasta confundirse con la vida de Viena. Pero a la fórmula turca, en que el sarro ocupa el fondo de la taza, éste austriaco le agregó un fino colador. Santo remedio. Hoy no se entiende Viena sin sus cafés. Casi no se entiende la vida. En los cafés Schottenring (Schottenring 19) Residenz (en el Palacio Schönbrunn), los parroquianos pueden tomar café mientras aprenden a estirar, rellenar y enrollar la masa del Apfelstrudel, el pastel de manzanas, o tal vez a preparar frágiles galletas de pasta de almendra y azúcar. Todo con gorro de chef y uslero en ristre.

Entre los cafés que deberíamos conocer figura el Hawelka, donde el vienés Niki Lauda va a menudo con sus amigos o solo, porque nadie está rigurosamente solo en un café, y ese es uno de sus encantos. Se entretiene leyendo la prensa de todo el mundo o se le ve con los ojos fijos en alguno de los muchos carteles del café, pensando quizá en algún nuevo negocio aéreo, ahora como el empresario Andreas Nicolaus Lauda. (Dorotheergasse, 6), Entre los más famosos de los famosos están el Central, (Herrengasse con Strauchgasse); el Schwarzenberg (Karntner Ring,17) y el café Museum, que Klimt solía frecuentar y donde se encontraba con Egon Schiele y Oskar Kokoschka en la mesa de los artistas, mientras Stefan Zweig, uno metros más allá, escribía (Friedrichstrasse, 6). Los cafés son los mejores lugares para enterarte de todo lo que sucede en la ciudad de Viena. Estar en el café es encontrarse en casa sin estar en ella», escribía Peter Altenberg, arquetipo de los poetas de café, hoy inmortalizado -con razón- en una estatua a tamaño natural en una mesa del Café Central. Se le ve calvo, solitario y ausente.

Datos de compras

Áreas comerciales. En torno a la peatonal Kärntnerstrasse se hallan las mejores tiendas de la ciudad. Es la que conduce a la Opera, partiendo desde la catedral. Vendedores, músicos y titiriteros, la más animada de la ciudad. Son muy comerciales también Graben, Kohlmarkt y Mariahilfer Strasse. En Graben 13 están las camisas de lujo para hombre. En la peatonal y en la plaza Michaeler se puede comprar los trajes tradicionales, o Trachten, usados hasta hoy, diariamente, en el campo y en las fiestas. Vea en las tiendas clásicas como Loden-Plankl, Lanz y Resi Hammerer. No tienen gangas, aunque sí algunas ofertas. Joyerías interesantes: A.E.Köchert, antigua proveedora de la Corte, y Schullin, especializada en diseños modernos. Los coleccionistas exigentes tienen que llegar a la Dorotheergasse, calle estrecha, repleta de galerías de arte, anticuarios, casas de subastas y especialistas en música, como la excepcional Doblingen, en el número 10. (También hay buena música en Musik Palais Halicek, Herrengasse, 5). En el número 17 de Dorotheergasse, encontramos otro clásico, la Dorotheum, más conocida por La Tía Dorotea. ¿Le suena? Es una sala de antigüedades y subastas, donde muchas familias afligidas han empeñado objetos personales. Podemos conseguir cosas con historia y calidad a precios convenientes. Porcelana + cristales. En las casas Augarten Porzellan (también tiene local en el aeropuerto); Pawlata (peatonal Kärntnerstrasse 14), y Lobmeyr (número 26) se pueden admirar juegos de porcelana y cristales a la altura de los de Bohemia (Praga). J & L Lobmeyr produce lámparas de araña, espejos y cristales de todo tipo. Esta casacumplió 180 años en el 2003. Aquí se puede hacer la compra de su vida, o adquirir esa pequeña joya de porcelana y cristal para verla y no tocarla. Son tiendas en las que es interesante entrar por su antigüedad, sus fachadas y sus escaparates… aunque nos quedemos con las ganas de comprar.

Biedermeier. Quizá nos tienta el estilo Biedermeier: alfombras de flores multicolores, pequeños cojines, jarrones, muebles sencillos y bonitos, vasos pintados. Nacen en la misma época que los cafés vieneses y las tortas Sacher. Eran días de la tiranía de Metternich, ese estado policial que dejaba pocas libertades, pero sí la libertad de comer rico, de bailar vals, en la primera mitad del siglo XIX. El hotel Biedermeier, en Landstrasser-Hauptstrasse, 28), es un ejemplo de ese estilo. Está rodeado de otras casas restauradas al modo de la vieja Viena, boutiques, artesanías, etcétera. Y en el restaurante Ofeloch, que tiene sopas excelentes, la comida es servida por mesoneras vestidas al estilo Biedermeier. Se encuentra en Kuttentgase, 8 (una estrecha calle del centro de Viena). El Biedermaier es un estilo alemán y austriaco expresado principalmente en la decoración y el mobiliario, que dominó cerca de 40 años en la primera mitad del siglo XIX. Se le considera una evolución del clasicismo, con una tendencia burguesa a formas más pesadas y oscuras, confortables y líneas sencillas para esa época. También se le vincula a la pintura, con obra de artistas que transitan del neoclasicismo al realismo, pasando por la etapa romántica.

Mercados Pupulares. La artesanía vienesa ofrece productos elaborados de acuerdo a muy antiguas tradiciones. Encontraremos trabajos de petit point, porcelana vienesa Augerten pintada a mano, cerámica artística, objetos de cuero y hierro forjado, trabajos esmaltados. Para encontrar todos estos productos disponemos de la tienda oficial de la artesanía popular austriaca, el Heimatwerk, que tiene precios poco populares y calidad muy alta, en todas las grandes ciudades. Solamente en los calurosos fines de semana del verano se organiza, en el paseo del canal del Danubio, un mercado de artesanías y antigüedades (entre Schwedenplatz y Schottenring). En el sur de la ciudad, todos los sábados del año funciona el Flohmarkt o mercado persa, donde se consiguen muy buenos precios. Interesante como paseo. Se instala frente al Naschmarkt, el más importante mercado de frutas, verduras y productos varios de la ciudad. Visite ambos, sin falta. (Líneas de metro U1, U2, U4. Bajar en metroestación Karlsplatz).

Vida nocturna

Tuvo demasiados años de capital imperial como para que alguien en Viena haya olvidado el placer de vivir. Y si alguien tiene dudas basta que vaya a mediodía o a medianoche al Barrio de los Museos, inaugurado en el tercer milenio, sólo ayer (ver A qué museos ir). Museums Quartier. Se ha transformado en un nuevo Montmartre europeo, con restaurantes y tabernas que nunca cierran, rodeados de una veintena de museos -muchos admirables-, construidos en el patio interior de las nobles caballerizas del imperio. Aquí los austriacos han querido dejar en claro que miran al futuro mejor que otros países, y que saben construir un lugar de encuentro entre artes de distintos siglos en un espacio donde la diversión se expresa libremente (ver A qué museos ir). Está unido al Spittelberg, viejo barrio de trabajadores, donde hoy funcionan tiendas de último diseño, cybercafés, artesanos, anticuarios, restaurantes, cafés, en medio de mucha alegría contagiosa de jóvenes y no tan jóvenes. El Congreso no marcha, pero danza, dijo el príncipe de Ligne cuando se celebraba la gran reunión de Viena luego de Napoleón. Y ese espíritu no cambia, salvo que al vals se han agregado el rock, la salsa y el reggae. Al atardecer comienzan las horas gloriosas de Viena, y el Museums Quartier es el lugar perfecto para cambiar de onda sin cambiar el escenario. Museumsplatz,

Triángulo de las Bermudas. No será barrio tan inocente si se le conoce con este nombre. Hasta los sacristanes de la vecina iglesia románica de Ruprechtkirche pueden perderse en sus famosas discotecas y tabernas, y también los que pasan en actitud meditativa hacia una vieja sinagoga, que es otra vecina del sector, que fuera barrio judío y luego de la Gestapo. Estamos en la zona nocturna más animada de Viena, donde cualquiera se pierde en una beisel o una cervecería, o en la discoteca Krah-Krah (Rabensteig, 8), la taberna Rotel Engel, de la misma calle, o en la Kartus (Seitenstettengasse). También hay bares latinos, como en Berlín, que arrasan en el gusto de las rubias vienesas. No cuesta encontrarlos. Música en vivo para todos los oídos. Rara vez falta en Viena. El Triángulo de las Bermudas se extiende cerca del Dunaukanal y de la calle Marc Aurel Strasse. Centro histórico.

Grinzing y las vinerías. Los turistas hacen racimos en un barrio de las afueras de la ciudad, Grinzing, que tiene sus propias viñas -hay 700 hectáreas en el casco urbano de Viena- y ofrece un vino blanco o verde, con dejo de fruta, ya famoso en el mundo de la buena vida. Puede compararse con el Trastevere en Roma, el Puerto Olímpico de Barcelona, el Plaka de Atenas. Sus tabernas de vino o heurigen, acompañan las copas con agua mineral para bajar los grados de alcohol, y goulash o tablas de aromáticos fiambres y pan negro, o salchichas. El vino blanco y ligero es, junto con el café, la gran debilidad de los vieneses. El nombre del vino nuevo es tambipen heurigen. Y nunca han faltado pretextos para tomarlo. Se prescribía incluso como medicina (ahora para las coronarias) y, ¡en los hospitales!, algunos enfermos tomaban hasta cuatro litros por día. A la sombra de enormes avellanos y abedules, o desde jardines donde se ve el valle del Danubio, se deja pasar la noche sin prisa y con música. Algunas heurigen han ganado prestigio: Zimmermann (Armbrustergasse, 5) y el Weingut karl welter. Los turistas en grupo disfrutan del Grinzing Heurigen show, donde escuchan trozos de operetas, valses, canciones, trajes y bailes del estilo Biedermaier, que los traslada a la Viena de la primera mitad del siglo XIX. Discotecas: La más famosa es la Flex, en las orillas del canal del Danubio, de la cual salieron DJs como Kruder & Dorfhsister. Pop, rock y punk, hasta heavy metal. Se trata de un enorme espacio sorprendente. Los mangas proyectados en los muros le han dado un aspecto futurista estilo Blade Runner. Si está bailando y pinchan una canción que le hace pensar en alguien, no tiene más que acercarse a uno de los monitores de Internet gratuitos y enviar un e-mail: Estoy en Viena bailando y pensando en ti. Está en su apogeo los lunes, viernes y sábado. El conjunto de edificios de ladrillo del Arena Club (Baumgasse, 80) era antes un matadero, pero desde hace muchos años es para morirse de gusto. Pintada con colores alucinantes, ha recibido a artistas como David Bowie, Iggy Pop, Nirvana o Massive Attack. Otras son la Rhiz, Queen Ane y especialmente la U4, también con muy buenos DJs, que mezclan tres y cuatro músicas diferentes a la vez, más ruidos electrónicos y distorsiones, en un ritmo que vuelve loco al más flemático londinense. En la U4 se hacen homenajes al principal roquero que Viena aportó en el siglo XX, conocido por el seudónimo de Falco, muerto drogado en un accidente de tránsito en Santo Domingo. Nacido en 1957 como Johann Hoelzel, este hijo de empresario vendió muchos discos de oro con música provocativa, incluso una que fue prohibida, en la cual gritaba: Toda Viena quiere heroína. Su título más famoso es Rock Me Amadeus (1985).

No lejos del centro, en la Wäringer Strasse, se halla el WUK, espacio que un día puede organizar una vanguardista exposición de arte y el fin de semana una rave party, donde los DJ´s más famosos hacen de las suyas. Los que se entusiasman con algo más tranquilo tienen un espacio en el Blue Box (Richtergasse 8). Los domingos tocan hip-hop, música electrónica, pop e indie. Los lunes se puede cenar a ritmo de jazz y, si has pasado una noche de esas… aquí podrás desayunar desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde...

Bares y casino.

Entre los bares exclusivos destacan Eden-Bar, Klimt-Bar y Loos-Bar, el más tradicional, y los más nuevos New York New York y Castillo. El mejor cabaret es el Moulin Rouge. Para jugar: el casino se halla en el Palais Ester-Házy. Noche en la Ópera. La Ópera del Estado de Viena es una institución de fama mundial, edificada sobre el antiguo teatro de la Ópera de la Corte, del siglo XVIII, la más antigua de habla alemana. El interior del edificio está decorado con frescos que reproducen escenas de distintas óperas y con un impresionante conjunto de estatuas de bronce. Durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX fue una de las capitales musicales del mundo, donde nacieron o vivieron Schubert, Haydn, Beethoven, Mozart, Brahms, Alban Berg. Bruckner y Mahler. Sigue siendo una ciudad con sobresaliente actividad musical: es sede de la Orquesta Filarmónica de Viena, de la Ópera Estatal y de un conservatorio. En lo posible, pida que le reserven entradas antes del viaje, con bastante anticipación. Si no, el siguiente dato vale oro: los estudiantes o turistas de última hora pueden comprar entradas para ver la ópera de pie (stehplatz) desde una inmejorable y central ubicación. Se pueden comprar una hora antes de que suba el telón, por un precio muy razonable, al otro extremo de la boletería oficial. Cerca del teatro se halla el Hotel Imperial -verlo es como ir a un museo-, donde el jefe de los porteros suele tener alguna solución para la escasez de entradas. La alternativa es la Volksoper u Opera del Pueblo (Währinger Strasse 78), donde podrá escuchar alegres óperas menores u operetas. Si no las consigue en la Ópera, vaya a ver iluminada la cercana catedral de St. Stephan o visite la vecina estación del metro Karlplatz, que dio inicios al modernismo vienés (Jugendstill). Interesante para los amantes de la arquitectura y el arte. Es obra de Otto Wagner. Dirección del Teatro de la Ópera: Opernring, 2, para la cual se pueden tomar las líneas del metro U1, U2 y U4. Haltestelle Karlsplatz / Oper.

Datos prácticos

Desde el aeropuerto. Desde la 5,30 de la mañana hasta la 1 de la madrugada hay autobuses al Centro, que tardan 20 minutos a la Estación del Sur y 35 a la Estación del Oeste.

Taxis. No es normal encontrar taxis libres circulando por la ciudad. Se toman en sus lugares de estacionamiento. En esos mismos lugares existe un teléfono para llamar a un taxi en caso de que no halla ninguno. Se paga una pequeña cantidad extra.

Le recomendamos

¿Apetito? El mucho caminar nos abre el apetito. Deténgase en el primer lugar de la vereda donde vea un würtelsände o quiosco de salchichas. Los käsekrainer o perritos calientes rellenos de queso fundido son francamente deliciosos y baratos. Higiénicos. Así el almuerzo podrá esperar. También es bueno probar el Wienerschintzel, un delgadísimo filete apanado con papas y ensalada.

Tranvías a mano. Si quiere recorrer la ciudad, lo mejor es darse una vuelta completa por la calle del anillo, la Ringerstrasse, que rodea el casco antiguo. El tranvía 1 le lleva en una dirección y el tranvía 2 hace el viaje de vuelta por el mismo camino. El 1 y el 2. No hay dónde perderse. Pasará cerca del Palacio Imperial, de la Universidad, del Teatro Nacional (Burgtheater), del gran Museo de Arte (Kunsthistorisches Museum), el Museo de Historia Natural, el Parlamento, el Ayuntamiento, el Parque de la Ciudad (Stadtpark.), y el nuevo Barrio de los Museos, el Museums Quartier. Le saldrá más barato si compra un bono de transporte público para 72 horas que se llama Viena Card. Lo venden en hoteles, estancos (tabak-trafik) y oficinas de turismo. Cuesta 210 chelines y sirve para metro, bus y tranvía. El abono de 24 horas cuesta 60 chelines; el billete suelto, 20.

 
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