Milán, Italia chic


 

¿Por qué ir a Milán?

La capital económica y financiera de Italia es también su capital creativa. Supo convertir todas las invasiones imaginables en una ventaja de oro: su carácter cosmopolita. No es casual que haya sido la cuna de uno de los movimientos estéticos más significativos, el Futurismo. Hoy, además, es capital mundial de la moda. Una ciudad para ir con la billetera llena a gozar del máximo refinamiento y de los mejores placeres de la vida. Pues Milán es la Scala, el Duomo, La Ultima Cena, moda, fútbol, campari, Il Corriere della Sera, il panettone. Una gran ciudad y una bella ciudad por muchas razones más.

¿Qué debes ver en Milán?

El Duomo: no conoces la fastuosidad de Italia si no has visitado la catedral de Milán. Ubicada exactamente en el centro geográfico de la ciudad, es una de las iglesias góticas más grandes del mundo, y probablemente la más linda.

Tiene ciento treinta y cinco flechas y miles de estatuas que la adornan. Vista de frente, revela su largo período de construcción: rasgos góticos y barrocos conviven en la fachada, ya que esta parte de la estructura se comenzó en 1616 y fue terminada dos siglos más tarde: 1809 (aunque la última piedra se puso en 1965). Pasaron casi seis siglos desde el comienzo de la obra, en 1386. Sus proporciones y su blancura rosa de mármol de Candoglia, resultan impresionantes, principalmente con la luz del amanecer y de la tarde. Los vitrales, muchos del siglo XV, hacen que entre al templo una hermosa luz.

Si subes a su techo –a pie o en ascensor– puedes apreciar de cerca los pináculos y las más de tres mil estatuas de mármol que la decoran, entre las que sobresale la célebre imagen dorada de la Madonnina, de 4 metros de altura. El vecino Palazzo Reale (Piazza del Duomo 12; www.artpalazzoreale.it), una construcción hermosa del siglo XIV, opera como su museo, a la vez que alberga interesantes exhibiciones temporales.

Galleria Vittorio Emanuele II: centro de compras que data del siglo XIX (fue inaugurada oficialmente en 1867), majestuoso y soberbio, cuyos pasillos unen la Piazza del Duomo con la piazza della Scala. Su diseñador, Giuseppe Mengoni, fue pionero en la combinación de acero y vidrio (la galería fue construida 20 años antes que la Torre Eiffel). Hay notables mosaicos tanto en las bóvedas superiores como en los niveles inferiores. Entre ellos, el símbolo de Milán, un toro (que suele estar siempre rodeado por turistas, pues la leyenda dice que tendrás buena suerte si giras sobre tu talón en los testículos del animal).

Teniendo en los alrededores tiendas como Prada, Fendi y Louis Vuitton, juega a ser un milanés pudiente: siéntate en la terraza del afamado Zucca a beber un cappuccino. El placer de mirar a la gente, y de saber que ellos en algo te envidian, te costará ‘sólo’ 10 euros.

La Scala: este teatro, que es el Vaticano de la ópera, sufrió una pérdida relativa de presencia debido a 3 años de intensos trabajos de restauración (que finalizaron el año 2004 y que no han estado libres de polémica). Data del siglo XVIII, aunque fue reinaugurado en 1946 (tras haber sido destrozado durante la Segunda Guerra Mundial). Posee un impresionante escenario, más de 2.000 asientos y una de las mejores acústicas del mundo.

Si no puedes adquirir una entrada, visita su museo, con trajes, accesorios de teatro, fotografías, recuerdos de intérpretes, y en su exterior un monumento a Leonardo da Vinci, que pasó en Milán la época más fértil de su vida. Largo Ghiringhelli 1.

Brera: céntrico barrio, bohemio, estrecho, romántico y bello, con calles adoquinadas y peatonales. Es la esencia del viejo Milán. Gianni Versace dijo que amaba la piazza San Simpliciano (Armani prefiere la piazza Belgioioso, especialmente su casa degli Omenoni).

La Pinacoteca de Brera –que en agosto de 2009 celebró los dos siglos que lleva abierta al público– tiene obras de pintores que contribuyeron al arte renacentista, casi todos italianos: Rafael Sanzio, Piero de la Francesca, Mantegna, entre otros. Además hay obras tan importantes como un San Francisco del Greco, un San Jerónimo de la última época de Tiziano, la Última Cena de Rubens, y dos retratos de damas de Van Dyck y Rembrandt. Este monumental palacio aloja la Academia de Bellas Artes, el Jardín Botánico, la Biblioteca Nacional y el Observatorio Astronómico. Via Brera 28.

La Última Cena: a pesar de una constante y cuidadosa labor de restauración, esta obra de Leonardo de Vinci (de fines del siglo XV) se va deteriorando lentamente, porque fue pintada sobre pared seca, a diferencia de las técnicas del fresco (1495 a 1497). Por eso el número de visitantes es limitado, y hay que comprar los tickets para acceder a verla con meses de anticipación. Una vez que los compres, tendrás sólo 15 minutos frente a ella. Está en el antiguo refectorio de la iglesia Santa Maria delle Grazie, un templo y convento dominico. Corso Magenta.

Navigli: llamada la ‘Venecia de Lombardía’, es parte del antiguo canal de Milán que une a los lagos ubicados al norte de la ciudad. Cientos de piedras de mármol fueron transportadas a lo largo del canal para construir el Duomo. Los canales que abrazaban el centro de la ciudad fueron vaciados en 1930. El testimonio del pasado se puede ver hoy en Dársena, que une los dos canales sobrevivientes: el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese, llenos de agua del río Ticino.

¿Qué museos hay que visitar en Milán?

Pinacoteca de Brera: pinturas, casi todas italianas. Son los artistas que contribuyeron al Renacimiento, como Rafael Sanzio, Piero de la Francesca y Mantegna, de quien se expone su impresionante Cristo muerto, famoso por su revolucionaria perspectiva. En el piso superior del palacio comienza la visita a la colección de arte, que sigue un recorrido cuadrangular. Saltando por épocas y estilos, se verán el Cristo Muerto de Mantegna, el Casamiento de la Virgen pintado por Rafael y obras modernas de Amedeo Modigliani y Carlo Carrà. Sin embargo, muchos visitantes dirigen los pasos directamente hacia la sala 37, donde se puede apreciar la obra El beso, de Francesco Hayez. Via Brera 28.

Museo Bagatti Valsecchi: en una de las calles más bellas de Milán, dentro de un palacio admirable, se presenta arte renacentista variado: tapices, pintura, escultura, tallados, armaduras, objetos de marfil y metales preciosos. Palazzo Bagatti Valsecchi, Via Gesù 5.

Pinacoteca Ambrosiana: obras de Leonardo, Caravaggio, Botticelli, Rafael y Tiziano. La antigua colección privada Poldi Pezzoli exhibe numerosos cuadros en un bello marco. Piazza Pio XI, 2.

Museo Nacional de Ciencia y Tecnología Leonardo da Vinci: fundado en 1947, ocupa tres edificios separados, siendo el principal el Edificio Monumental, un monasterio del siglo 16. Los otros dos son el edificio del Transporte férreo, que reconstruye el ambiente de una estación de trenes art nouveau, y el edificio del transporte aéreo y marítimo. Además de la historia del computador y del desarrollo de la música, la parte más importante del museo es la galería dedicada al trabajo de Leonardo da Vinci, donde se encuentra un gran número de máquinas de madera e instrumentos basados en los diseños del artista. Además, hay una reproducción de La Última Cena. Via San Vittore 21.

¿Qué lugares visitar si vas con más tiempo?

Castillo Sforzesco: es el más grande monumento no religioso del período renacentista en Milán. Hoy alberga a varios museos y una completa pinacoteca. Piazza Castello, 3.

Parco Sempione: al norte del Duomo aparece este enorme parque verde, creado en 1888, y que opera como válvula de escape de los milaneses. En su extremo norte está el Arco della Pace, de comienzos del siglo XIX, y que conmemora los triunfos de Napoleón (de hecho, el monumento mira hacia París). Cerca está también la Torre Branca, diseñada por el arquitecto italiano Giò Ponti en los años 30. Desde la cima de la torre, a unos 108 metros, se obtienen majestuosas vistas de la ciudad. Duomo. Y en días despejados, incluso puedes divisar los Alpes. En ella está uno de los restaurantes más chic de Milán, el Just Cavalli Café, creado por el diseñador italiano Roberto Cavalli, donde se pueden degustar platos exquisitos de la cocina italiana e internacional (a precios exorbitantes).

San Ambrosio: basílica edificada en el siglo IV, es una de las iglesias más antiguas de Milán, y una de las construcciones más interesantes de la Lombardía medieval. Piazza Sant'Ambrogio, 15.

Palacio Real: en la plazoleta rectangular situada en el costado sur del Duomo se levanta el Palacio Real, neoclásico. En su museo se exhiben seis siglos de historia. En el siglo XIV se incorpora al Palacio la iglesia de San Gottardo in Corte, cambiada al gusto neoclásico, y con un elegante campanario octogonal.

Valle d’Aosta: rodeado por los bellos Mont Blanc, Cervino y monte Rosa, a 2 horas de Milán, este valle italiano, medio francés en el alma, conserva museos romanos, una docena de castillos feudales, iglesias románicas, pinturas góticas y del Renacimiento y una interesante necrópolis neolítica. Su capital, la ciudad de Aosta, luce una catedral renacentista y un gran número de monumentos romanos. Es zona donde se mezcla italiano con francés, con la vieja lengua de Oc, el patois, y vive muy bien todavía la gastronomía francesa. Dos restaurantes clásicos y populares en Courmayeur: Pierre Alexis 1877, sigue la huella francesa de la tradición valdostana; y Le Vieux Pommier, con una carta valdostana con fondue, raclette y bourguignonne.

Bérgamo: a una hora de Milán se halla esta antigua ciudad, con su maravillosa Piazza Vecchia, que Le Corbusier llamó la plaza perfecta. En ella dejaron su huella los venecianos. Es una ciudad relativamente pequeña que lo tiene todo. La ciudad baja de Bérgamo contrasta profundamente con Bérgamo Alta, al ser una zona más moderna y actual, sin tanto atractivo histórico y con menos puntos de interés turístico, pero que de todos modos merece un par de horas a pie. Imperdibles son su Torre de los Caídos y la capilla Collione.

Lago Como: a media hora de Milán, pero el Como no sólo tiene belleza paisajística, sino villas antiguas muy bien conservadas o restauradas. Es el tercero más extenso de Italia. Desde lo alto del hermoso poblado de Varenna, la vista es insuperable.

Su historia

Ser la ciudad que es y el estar donde está, le ha costado caro a Milán. Pero seguramente influye en su grato carácter cosmopolita. Muchos pueblos y monarcas guerreros usaron los argumentos de la fuerza para limitar su libertad, a veces de manera grave. Estuvo bajo dominio español, por ejemplo, y eso le significó congelamiento comercial y retraso político desde el siglo XVI hasta principios del XVIII. Fue uno de los muchos períodos en que fuerzas extranjeras se apoderaron del territorio de Milán, sin lograr derrotar su espíritu.

Esta historia viene de antiguo. Fundada por los celtas unos 600 a.C., ya en el 222 fue conquistada por los romanos. Durante el Imperio llegó a convertirse en la segunda ciudad de Italia, con el nombre de Mediolanum, cabeza de una región de bello nombre: Galia Cisalpina. Capital del Imperio Romano de Occidente. Destruida por los hunos, arrasada por los godos, sólo en el siglo X d.C. recuperó importancia.

En el año 1162 fue conquistada por Federico I Barbarroja (14 años) y después de su liberación tuvo un nuevo período de gran desarrollo comercial. En 1237, y por 40 años, fue dominada por el suavo Federico II. Más tarde la conquistó Francia en dos oportunidades, ambas en el siglo XVI, durante el cual también se dejó caer la poderosa España de Carlos V, período opaco para Milán que duraría poco menos de dos siglos. En 1706 llegaron los austriacos con Eugenio de Saboya, y Napoleón -Francia una vez más- tuvo su momento en esta historia el año 1796, pero la ciudad volvió a manos de Austria. En 1859 Milán recibió con alegría a un nuevo rey, Víctor Manuel, y desde entonces forma parte de Italia.

La falta de dominio extranjero, sin embargo, no significó la paz duradera. Luchas internas hubo siempre, pero nunca como en la Edad Media, cuando güelfos y gibelinos se disputaron el control de Milán, con el triunfo de los aristocráticos gibelinos. En 1919 se inicia otra etapa de conflictos internos con la creación de grupos ultraderechistas en la ciudad, que una década más tarde llevaron al poder a Benito Mussolini, y luego a la segunda guerra mundial, de la cual saldría muy dañada.

Después de la reconstrucción, en la segunda mitad del siglo XX, Milán se convirtió otra vez -hasta hoy- en la segunda ciudad de Italia, gracias a sus múltiples industrias, creatividad y aumento de población. Lo que vemos se debe en buena parte a los Visconti, a los Sforza, a Napoleón, al arquitecto Piermarini.

¿Dónde comer?

La Lombardía, de la cual Milán es capital, tiene en materia culinaria algunas cosas propias, como reemplazar el aceite por mantequilla para cocinar. De ahí viene, en buena parte, el sabor propio de los platos más populares: ossobuco alla milanese y risotto alla milanese.

Il Luogo di Aimo e Nadia: tiene dos estrellas de la guía Michelin y se especializa en nueva cocina. Es decir, una selección de platos de diversas regiones italianas con productos únicos. Via Montecuccoli, 6.

13 Giugno: comida siciliana con pianista en vivo incluido. Prueba el piatto crudo (una selección de carpaccio de langostinos, camarones, pez espada y calamares. Via Goldoni, 44 y Piazza Mirabello, 1.

Tanno passami l’Olio: ideal para quienes adoran el aceite de oliva; en este pequeño lugar es posible aderezar cada uno de los deliciosos platos con más de 40 tipos de aceite de oliva italianos. Via Villoresi 16.

La Rondine: una de las mejores trattorias de la ciudad, con cocina milagrosa. Imperdibles: ravioli al burro tartufato (ravioles rellenos con ricota y espinaca, bañados en una salsa de trufa), y la polenta. Via Spartaco 11.

Luini Panzerotti: desde 1948 que es casi una institución local, y con tanto éxito, que abrió una sucursal en Londres. La especialidad es el panzerotto, una pizza cerrada (parecida al calzone) y rellena, además de los clásicos queso y tomate, de una enorme diversidad de ingredientes. Via S. Radegonda 16.

La Torre di Pisa: está en Brera, uno de los barrios más pintorescos de Milán.

Se trata de una trattoria al estilo toscano que siempre está repleta de comensales. Los picantes spaghetti alla puttanesca son formidables. Via Fiori Chiari 21/5.

Obikà: cadena de restaurantes donde lo más apetecido es su bar de mozzarella di bufala, la cual es presentada en deliciosas versiones. Además de Italia, tiene sucursales en Nueva York, Tokio, Kuwait y Londres. Via S. Radegonda 1 esquina Duomo, y Via Mercato, 28.

Grand Hotel: de 5 estrellas y miembro de The Leading Hotels of the World, en su restaurante sirven unos unos gnocchis para repetirse. Aquí vivió y murió (en 1901) Giuseppe Verdi, y también escribió sus últimas óperas: Otello y Falstaff. El hotel creó una suite llamada El Maestro. Via Alessandro Manzoni, 29.

Ristorante Il Teatro: está en el hotel Four Seasons. Está a cargo de Sergio Mei, un cocinero de prestigio. Se encuentra muy cerca de la Scala, con vista al convento de las hermanas de Santa Maria dei Fiore. La mitad de la carta es vegetariana. Sugerencia: fregula en crema de porotos y hierbas finas, servida con filete de cierva y vinagre balsámico tradicional (la fregula es una sémola de Cerdeña, de sabroso grano duro). Via Gesù, 6/8.

El aperitivo

El aperitivi es una tradición del norte de Italia. Y Milán tiene la reputación de tener los mejores aperitivos del país.

Durante las horas de aperitivo (usualmente de 18 a 20 horas), suben los precios de los tragos, claro está. Pero accedes a un par de picoteos sabrosos, y a la estilosa vida pre-nocturna de Milán.

Pasticceria Cucchi: durante el día es un suculento café-pastelería, mientras que en las noches se convierte en un refinado bar donde los tragos más pedidos son los martinis, negronis y el pink gin, hecho con gin y amargo de Angostura. Corso Genova, 1.

Bar Basso: la leyenda cuenta que aquí fue creado el negroni sbagliato, que lleva vino espumante en lugar de gin. El picoteo lo satisfacen aceitunas y crostinis. Via Plinio, 39.

Moscatelli: con 150 años de vida, se autodefine como bottiglieria con cucina (tienda de vinos con cocina). Estupendos mostos acompañados por trozos de focaccia con zucchini y crostini con manteca de cerdo. Corso Garibaldi, 93.

¿Dónde ir a comprar?

Existen tres opciones extremas para comprar en Milán:

- Ir directamente al Cuadrilátero de Oro

- Visitar Via Paolo Sarpi

- Esperar los días de mercado o feria

Cuadrilátero de Oro

Su mejor época fue la de los años ochenta, pero este barrio sigue siendo uno de los grandes de la moda universal, donde están las mejores tiendas de Italia, en que mandan las marcas, la calidad y el diseño: ropa, zapatos, carteras, accesorios, útiles de cocina y lo que quiera (de precios, mejor no hablar). Las calles que lo forman son Via Montenapoleone, Via della Spiga, Borgospesso y Sant´Andrea. Montenapoleone. La moda que hoy se observa en Milán es la que se verá, al menos durante los tres próximos años, en vitrinas de todo el planeta. Valentino, Armani, Trussardi, Dolce&Gabbana, Fendi, Prada, Missoni...

Para tener la primicia, hay que recorrer Via Sant’Andrea, donde se encuentran Armani y Trussardi; caminar Montenapoleone, para meter la nariz en Salvatore Ferragamo, Gucci y Versace; luego la Via Santospirito, con Valentino, y así, hasta marearse de ganas.

Lo mismo se puede decir de la Gallería Vittorio Emanuele II, que es un gran lujo caro desde el siglo XIX, y no pierde esa costumbre. Aunque hace unos años fue ‘contaminada’ por la llegada de un McDonald’s, desde su creación compitió en importancia y esplendor con el centro de ventas GUM de Moscú. Tiene grandes tiendas, librerías, cafés históricos, boutiques de curiosidades y recuerdos. Es un verdadero monumento. ¡Imperdible!

Vía Paolo Sarpi

Es la calle principal de un barrio de inmigrantes básicamente chinos. Hoy aquí encuentras una enorme diversidad de locales, con precios más asequibles que en el resto de la ciudad: desde la estupenda lencería de Intimissimi, enotecas y bares, hasta la inevitable seducción de ropa y artículos para guaguas de Volpe. Por lo general, aquí las tiendas cierran a la hora de almuerzo; y es una zona particularmente bulliciosa los sábados, con mucha gente dando vueltas.

Mercados y Ferias

En ellos se encuentran cosas de calidad a precios razonables y hasta baratos.

En el Mercado Viale Sobatino (sábados), cerca de Porta Romana, grandes marcas suelen ser vendidas a precios ridículos.

La feria o Fiera di Sinigallia recuerda a una feria de las pulgas, con antigüedades, ropa de segunda mano de buenas marcas y recuerdos. Se instala cada sábado en la dársena del Viale d´Annunzio (Barrio Navigli-Porta Ticinese).

Il Mercatone: probablemente el más conocido, el Mercado de Naviglio Grande cuenta con unos 400 expositores. Funciona sólo el último domingo de cada mes (menos julio) a la orilla del canal-río de Milán, el Naviglio Grande.

El mall de Armani

Este lugar ocupa una cuadra entera. Y además de tiendas de vestuario, aquí Armani Libri (libros), Armani Dolci (chocolates), Armani Nobu (comida japonesa) y el trendy Caffè Emporio Armani. Via Alessandro Manzoni, 31.

Outlet al estilo milanés

Fidenza Village: marcas rebajadas hasta un 70% durante todo el año. A etiquetas italianas como Versace, Missoni y Dolce&Gabbana, se le suman nombres como Armani y Wolford. Más de 90 tiendas con mucho glamour. Está a poco más de una hora en auto de Milán; hay que tomar autopista A1 y luego la salida Fidenza/Salsomaggiore.

Charcutería

Culatello di Zibello: el culatello es una suerte de jamón muy refinado y exclusivo, original de Zibello, un pueblo ubicado al norte de Parma, muy cerca de la frontera entre Emilia Romagna y Lombardía. Es elaborado con la carne de la pata del cerdo. En el proceso de curado sólo se usan sal, pimienta en grano y molida y un poco de ajo y vino seco. En Milán puedes comprar el culatello original (además de otras decenas de delicias) en Peck, la charcutería más prestigiosa de Italia (Via Spadari, 9). Como referencia, un kilo puede costar alrededor de 150 euros.

¿Qué panoramas hay de noche?

Se concentra básicamente en dos zonas. La primera es el céntrico barrio de Brera, que mejor representa el espíritu de Milán, con numerosas calles de tiendas, librerías, galerías y pequeños locales informales para comer y escuchar música; piano-bares para pasar un rato tranquilo.

La segunda zona corresponde a Ticinese, antiguo barrio tradicional que se extiende alrededor de los canales de los Navigli.

Los diarios La Repubblica y Corriere della Sera publican guías muy orientadoras de espectáculos y otras actividades nocturnas de cada día.

¿Qué datos necesitas saber?

¿Cuándo ir?

De abril a junio y de fines de septiembre hasta octubre son los mejores mese para ir. No hace tanto calor y tampoco hay tumultos. La temporada peak va de julio a septiembre. Ojo con agosto: no sólo hace demasiado calor, sino que es el mes en que la mayoría de los italianos se toma vacaciones, por lo que muchos locales comerciales y restaurantes están cerrados. Ya sabes cuando tienes que elegir vuelos a Milán.

¿Dónde llegan los vuelos a Milán?

A Milán se llega por el modernísimo aeropuerto internacional de Malpensa, aquí llegan todos los vuelos a Milán, o en tren desde cualquier otro punto de Europa.

¿Cómo moverse en Milán?

Milán posee un extenso sistema de metro (Metropolitana Milanese), tranvías y buses.

Las atracciones que se encuentran en los alrededores del Duomo son fácilmente alcanzables a pie.

¿Qué necesitas llevar?

- Conviene llevar ropa de abrigo para la noche y paraguas, incluso en verano.

¿Qué cosas debes tener presente de Milán?

- Milán es una ciudad de precios altos. Por eso, antes de viajar, averigua bien acerca de tours, temporadas y promociones.

¿Qué documentos necesitas?

Pasaporte al día.

Moneda

Euro.

Idioma oficial

Italiano.

 
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