Ciudad del Cabo, la Sudáfrica monumental



Ciudad del Cabo.

¿Por qué debería ir?

No es sofisticada de la misma manera que pueden serlo París, Praga o Nueva York, pero Ciudad del Cabo tiene muchos de sus encantos, y la situación geográfica más extraordinaria. Conviven en paz sinagogas y mezquitas y, cada día mejor, los negros y los blancos.

Nadie volverá arrepentido de haber conocido íntimamente el escenario de guerras de ayer y paraísos de hoy, de playas tibias del fin del mundo, de cabalgatas en avestruz, de ciudades modernas y lugares muy vecinos donde los animales feroces conviven con hombres mansos. En su puerto reformado y divertido, las risas de la noche se confunden con las del día.

¡No se lo pierda!

1. Subir a la Mesa Ninguna ciudad portuaria del mundo puede ofrecer un emplazamiento más extraordinario que el de Ciudad del Cabo, entre el mar y el soberbio muro natural de la Montaña de la Mesa. Lo que hay detrás de la ciudad se parece, sin duda a una mesa o a un monumental mesón de bar. Por eso los marinos sedientos le llaman desde hace siglos la taberna del mar, y en algunos buques se premia con una botella de vino al primero que la divisa. Es el primer sitio que el viajero quiere visitar. Sube jadeando sus 1.066 metros de altura, o usa una moderna telecabina con piso giratorio. Poco a poco sus ojos van descubriendo un bellísimo paisaje de bahías que recortan el litoral con montañas de nubes entre las cumbres y un horizonte donde la neblina suele confundirse con el cielo. Parece realmente el fin del mundo imaginado por antiguos navegantes temerosos. Antes de aterrizar, en Ciudad del Cabo vemos su Mesa cubierta de nubes, con el mantel puesto. No es un nostálgico mantelito blanco, sino un mantel casi cósmico, puro, encima de la Montaña, ocultando muchas de sus cicatrices de granito.

Esta maravilla hace que Ciudad del Cabo sea distinta a cualquier otra. No importa cuantas veces uno llegue, siempre le recibe con un estremecimiento. Cuando el cielo está despejado, las vistas desde la cumbre pueden ser magníficas. Muchos recorren la cima, especialmente en primavera, cuando las plantas florecen. Y por ahí, entre rocas, se dejan ver un animal curioso, el damán del Cabo, que podríamos confundir con una vizcacha, con una marmota sin cola o un conejo con orejas atrofiadas. Pero su pariente más cercano es el rinoceronte, u otro ungulado (caballos, jabalíes.) Tiene el tamaño y el sabor de un conejo. Su nombre deriva de ghamam, que en árabe significa cordero. Es tan distinto a otros, que fue necesario crear un orden especial para él solo, el de los hiracoideos. Algún distraído escritor viajero, que escuchó mal a su guía, ha escrito que el pariente más cercano del damán es el ... elefante. Suena bien, pero no le haga caso.

2. Jardines de no creer En parte de las laderas de la Montaña de la Mesa se haya un jardín botánico asombroso: tiene una muestra amplia de uno de los seis reinos florales existentes en el planeta, el del Cape Kingdom. Subiendo un poco desde el centro comercial de la ciudad, calle Adderley, se llega al Kirtenbosch -así se llama-, que contiene buena parte de las flores y plantas originarias de Sudáfrica. Hay ejemplares realmente maravillosos (que no se pueden ingresar a Chile sin un permiso de Sanidad Vegetal).

3. Isla-prisión de Mandela Como para impedir que nos olvidemos de la época del apartheid, en el centro de la bahía de la Mesa, aparece la isla Ballena, Robben o Seal, donde estuvo preso por veinte años quien luego fuera Presidente, Nelson Mandela, y muchos otros opositores al gobierno predemocrático. Hoy es muy fácil visitarla. Se halla convertida en museo y los guías son ex presos políticos. Ha sido protegida por la UNESCO.

4. Al fin y al Cabo Como estamos en la región donde muere el continente africano, continente-cuna del hombre, todos los buenos viajeros quieren llegar al Cabo de Buena Esperanza. Este es el punto donde muchos siguen creyendo que se juntan el océano Atlántico y el Indico, aunque el auténtico fin del continente africano está a unos cuantos kilómetros más al sur y se llama Cabo de las Agujas. Nadie, sin embargo, le ha podido borrar la legendaria fama al Cabo de la Buena Esperanza, y allí van todos los viajeros, en un viaje que dura un día. Y nadie podría decepcionarse. Es un acantilado que entra al océano, entre grandes olas y vientos. Se toman la foto de requisito, y luego se van, casi convencidos de haber visto a los protagonistas de la leyenda de El Holandés Errante y su barco fantasma. El viaje es entretenido y hermoso, por la mítica carretera Chapman´s Peak Drive. Saliendo de Ciudad del Cabo, se llega a Boulder, una playa muy linda, con amistosos pingüinos. Luego se ingresa a la reserva del Cabo de Buena Esperanza (abierta de 7 a 5). En su paisaje selvático se ocultan caletas, que vale la pena bajar a conocer, poniendo cuidado en no atropellar a las tortugas que atraviesan la ruta. Se observan animales, como bontebock y muchos babuinos, que suelen ser molestos y agresivos. La vista desde el Cape Point, en el Cabo de Buena Esperanza, produce no poca ansiedad en algunos, porque es a todas luces uno de los mares más movedizos y peligrosos del globo, comparable a nuestro Mar de Drake.

5. Las vitrinas del Cabo La mayor concentración de tiendas, restaurantes y hoteles se encuentra en la vecindad del mar, en los antiguos muelles, el Paseo Marítimo Victoria & Albert (abreviado en inglés: V&A Waterfront). Desde 1988 es una especie de Puerto Madero de Buenos Aires o un Fisherman´s Wharf de San Francisco; pero más sorprendente, lleno de rincones. A esta área llegan también los yates más fabulosos por lujo, tamaño y precio. Hay cines, tiendas, mercados de artesanías, galerías de arte, empresas que ofrecen excursiones en barco alrededor del puerto y paseos en helicóptero, además del acuario Two Oceans y el Museo Marítimo. Desde aquí sale el barco hacia la isla de Mandela, Robben Island. Las mejores firmas del diseño sudafricano y mundial se pueden visitar en el Shopping Mall, pero el pulso vital se encuentra en la calle, en Long Street, con librerías antiguas, tiendas de diseño, cervecerías y cafés; en sus pasajes artesanales Bazaar y Pan African Market. Es el centro de la bohemia exquisita de Ciudad del Cabo. Al viajero le interesará también la feria al aire libre de Green Market Square y el Flower Market. En la zona todavía existe un puerto pesquero. Los que prefieren barrios menos turísticos y caros, buscan albergues o casas de huéspedes en el sector del City Bowl. Un alegre barrio frecuentado por estudiantes es Observatory, en el este del Centro, algo lejos. Todo vale menos, partiendo por la comida.

6. Ruta Jardín En el excepcional recorrido de la Garden Route es posible observar casi cinco veces más plantas que en todas las Islas Británicas. Al borde del camino, en las colinas, hay más de 8.500 especies, y sobresalen las que forman uno de los seis reinos florales del planeta. La ruta corre por la orilla del océano Indico. Pasa por una región con pueblos históricos de gran interés, entre colinas, lagos, densos bosques autóctonos y ríos muy rápidos que se lanzan al mar. Al avanzar, las playas de arena blanca ganan temperatura. Es posible observar delfines y ballenas, especialmente entre mayo y octubre. El sector más interesante es uno de 225 km que va desde Mossel Bay hasta la desembocadura del río de las Tormentas (Storms River Mouth). En este sector se van conociendo estupendos balnearios, como Plettenberg Bay, de playas doradas, con un estilo de vida que quisiera el resto del país: boutiques de lujo, casas de veraneo y hoteles para la élite de los negocios y de las profesiones; la dulce ciudad de Knysna, con ostras insuperables, con mar y laguna inolvidables, y algunos elefantes que aún merodean entre stinkwoods y yellowswoods; y, por último, la ciudad de George, a 5 horas de Ciudad del Cabo, zona de grandes campos de golf. La aldea más bonita y la ciudad más pequeña del mundo. Estas dos últimas ciudades están unidas por un romántico tren a vapor, el Outeniqua Choo Tjoe. Cruza enormes puentes y una de las otras maravillas botánicas de Sudáfrica, el Tsitsikamma National Park. Aquí muchos aficionados al excursionismo hacen caminatas por su ruta Otter. Se recomienda una visita a la Casa de Campo Hunter, cerca de Plettenberg Bay. Es considerada una de las mejores residencias-familiares-hotel del mundo. Una granja con techos de paja, arquitectura tradicional, un gran jardín y quince cabañas. Tras horas de viaje, el visitante puede internarse en la zona del Little Karoo, entrando en la ciudad de Gardens. Y tomar el camino a una tierra de grutas sorprendentes y de avestruces que trabajan como caballos...

7. Cabalgar en avestruz Hacia el interior de la Ruta Jardín, en el llamado Little Karoo, hay lugares que merecen más de una visita. Sobre el paso Outeniqua y dentro de Klein Karoo, se encuentra la ciudad de Oudsthoorm, la capital de las plumas. En las fincas Highgate y Safari los viajeros pueden entretenerse andando a caballo... en avestruz, ¡y en pelo! Estas cabalgatas no cansan: duran segundos, y en el mejor de los casos, minutos. Dientes y uñas para sujetarse. No cansan, claro, pero a veces dejan doliendo. Hay entretenidos espectáculos (esta vez por cuenta de otros) y también venta de productos de esta ave sin don de vuelo, pero con precios que andan por las nubes. Se visita el criadero de cocodrilos Cango y de guepardos, Cheetahland, donde además pueden observarse jaguares, leones, pumas y serpientes.

8. Cavernas Cango Siguiendo el camino al interior de Little Karoo se llega a una serie admirable de cavernas de calcita, cuyas agujas destacan entre las más largas del mundo. Es Cango Caves, una de las maravillas naturales del país. Tiene restaurante, visitas guiadas y tienda de recuerdos.

9. Ruta de los Vinos Las principales regiones vinícolas sudafricanas se encuentran cerca de Ciudad del Cabo. Las más conocidas, Stellenbosch y Paarl, a 50 y 60 km; la histórica Constantia, que tuvo los primeros viñedos, a sólo 15 km , y Franschhoek, a 75. Tienen servicios hoteleros al estilo Relais & Chateau, que enriquecen el viaje. Degustaciones, visitas guiadas a cavas y viñedos, y apreciación de la arquitectura holandesa barroca adaptada a la región del Cabo. Es interesante visitar el tradicional hotel de Lanzerac, en Stellenbosch. Muchos holandeses o sus descendientes emigraron al campo al ser vencidos por ingleses, y desarrollaron un estilo de vida retirado, muy afrikaner. El de las viñas es un recorrido importante todo el año, pero en junio y julio tiene mayor demanda porque las playas y otros paseos ceden terreno por la baja de temperatura y las lluvias. Stellenbosch, centro de la Ruta de los Vinos fue la segunda ciudad fundada en el país, en 1679. Aunque pequeña, en su tradicional universidad se formaron seis primeros ministros de la época pre-democrática. Es de las poblaciones mejor conservadas de la época de la Compañía Real Holandesa, y cuida casi excesivamente una docena de edificios de los siglos XVIII y XIX. Visitas: Oom Samie se Winkel, emporio victoriano de 1904; Stellenbosch Village Museum; Libertas Parvas, con galería de arte y museo del vino, y el ya mencionado Lanzerac, de 150 años de antigüedad, convertido en hotel. Junto con Constantia, que también luce aún callecitas empedradas y alamedas de viejos robles, concentran la mayor parte de las bodegas de vino en la provincia del Cabo. Sudáfrica cultiva 100 mil hectáreas de viñas, y se encuentra entre los primeros diez productores de vino. El blanco es su fuerte. Franceses iniciaron plantaciones en 1679.

Si tiene más tiempo

1. Mount Nelson Hotel Casi como visitar un museo histórico. Una venerable institución de la ciudad, que no renuncia a la nostalgia de los británicos que llegaban a sus tibias habitaciones para ignorar el invierno de las provincias. Se pueden sentir sus pasos en los pasillos y sus voces en jardines absolutamente admirables.

2. Villa de Swellendam Por la Ruta Jardín, a 240 km de Ciudad del Cabo, conserva las antiquísimas iglesias georgianas de los británicos; las capillas en el estilo Cape Dutch, holandés del Cabo o barroco rural, parecidas a las casas holandesas de Curazao; las viviendas mínimas de los primeros colonizadores y el museo Drostdy, que fuera hogar de una de las familias poderosas de la primera época. Ha sido definida como una cápsula del tiempo.

3. Mossel Bay Conserva el área donde europeos y hotentotes nativos se vieron por primera vez. Eso ocurrió en 1488, y los portugueses, al tocar tierra, fueron expulsados por los hotentotes. Nueve años después, Vasco da Gama vuelve y construye una buena relación con los nativos, comprándoles carne. La carnada sirvió por siglos. Mossel Bay se hizo lugar de descanso y aprovisionamiento de los navíos portugueses que iban a Oriente. Un siglo más tarde habían perdido fuerza y entonces fueron los holandeses quienes comenzaron a usar la bahía. En 1787 fundaron un pequeño puerto. Hoy, Mossel Bay es un museo al aire libre. Protege viejas instalaciones, bodegas, una capilla y exhibe réplicas libres de las carabelas portuguesas. Se encuentra a 380 km de Ciudad del Cabo, en la Ruta Jardín.

4. Vida dorada, Tren Azul Este histórico tren de lujo une Ciudad del Cabo con la lejana Pretoria, recorriendo muchos de los más bellos paisajes del país. Pero no sólo recorre Sudáfrica, sino otras regiones de Africa austral. A bordo no falta nada, mientras abundan el estilo, la comodidad, la comida gourmet y los ventanales escénicos. Lleva ropa de cama hecha en hilo, bar, salones, restaurante, una suite con sala y dormitorio. Los viajeros con tiempo y dinero cruzan por este medio la cordillera de Witteberg, usando la ruta más tradicional, que une El Cabo con Pretoria, atravesando el país en diagonal. Resulta emocionante atravesar el cuarto sistema de túneles más grande del planeta, y enormes puentes en curva cuando se viaja entre Zimbabwe y Zambia. Al contrario que el Orient Express y otras líneas euro-asiáticas, The Blue Train no es una larga nostalgia. Sus vagones se esfuerzan por ser modernos, y el convoy se detiene en muchos sitios interesantes, sin dejar de ser puntual. Es que sus pasajeros suben a él para viajar más que para llegar.

5. Desierto del Kalahari Otra opción de viaje es alejarse de la costa, y meterse al corazón del desierto del Kalahari, y llegar a la reserva de Gemsbok-Kalagadi, uno de los lugares más extraordinarios del planeta. Tiene malos accesos, para evitar la muchedumbre turística en una zona de difícil equilibrio ecológico. Se pasa por comunidades de agricultores khomani, descendientes de los san o bosquimanos. Es posible observar los leones del Kalahari (con melena negra), guepardos, avestruces, gemsbok, hienas, antílopes y los extraños suricata, los únicos que no son muertos por los escorpiones del desierto (los hemos visto en las granjas, domesticados para tener a raya las ratas y ratones, y hasta tiene grandes bigotes de gato).

Conozca su historia

Los cazadores, pastores y recolectores nómadas, los khoisan, pasaron cerca de 40 mil años en la parte sur de Africa sin llegar a lo que hoy conocemos como cabo de Buena Esperanza. Lo hicieron hace apenas unos 2 mil años. Y desde el siglo XV, poco antes de la llegada de los europeos, la mayor parte de la tierra fértil estaba en poder de los pastores bantúes.

Con el desembarco de los portugueses -primero fue Vasco de Gama-, se inició un período de siglo y medio en que los europeos pasaban por el Cabo, pero no lo poblaban. Sólo en 1652, el holandés Jan Van Riebeck estableció un asentamiento en la bahía de la actual Ciudad del Cabo, para que sirviera el aprovisionamiento de la compañía de Indias Orientales.

Los indígenas khoisan fueron lentamente desgastados por las enfermedades y los enfrentamientos con los holandeses. Hasta que les llegó el turno a los propios holandeses, hoy conocidos como bóers. Empezaron a ser arrinconados, hostilizados, por los británicos, que dominaban buena parte de Africa, aprovechando una decadencia que empezaba a afectar a los holandeses. Esa crisis se inició cuando moría el siglo XVIII.

En medio de guerras tribales, los bóers, descontentos, iniciaron la llamada gran travesía, hacia el Norte, para alejarse de la vecindad de los colonos ingleses. Al avanzar despejaban las tierras de habitantes nativos, y las ocupaban con sus ganados. Los zulúes se resistieron por un tiempo, pero no tenían más salida que la derrota, por la superioridad de las armas holandesas. Surgieron varias repúblicas bóers en esas tierras, que más tarde, en forma progresiva, los ingleses fueron controlando por la violencia, la diplomacia y tratados abusivos. Cada día los holandeses parecían más dispuestos a abandonar el sur de Africa. Pero en 1869 se descubrieron diamantes en ese territorio (Kimberley) y hubo una razón adicional para seguir resistiendo.

Pero los primera guerra entre anglos y borres terminó con los holandeses derrotados. Así nació la Zuid-Afrikaansche Republiek.

Más tarde se descubriría oro en Johannesburgo. Se duplicaron los interesados. Inglaterra dio inició a una nueva presión, que terminaría con la segunda guerra anglo-bóer a principios del siglo XX. Los holandeses no tuvieron más armas para resistir que mediante la guerrilla. Los británicos actuaron con rudeza: si los bóers volaban la línea del tren, los ingleses hacían una ruina de la granja más próxima. Mujeres y niños eran enviados a campos de concentración -un invento británico-, donde más de 25 mil murieron por enfermedad y abandono. Los bóers tuvieron una sola salida: firmar la paz.

En 1910 nació la Unión Surafricana junto con una serie de leyes racistas contra la gente de sangre africana. El Apartheid. Cada persona era clasificada según su raza, la cual determinaba en qué lugar debía vivir, estudiar, casarse. En forma arbitraria, la minoría blanca agrupó en tribus a los negros, y los mandó a vivir en territorios que -supuestamente- tendrían la posibilidad de desarrollarse como patrias independientes. Los homelands. No había alimento ni trabajo para todos, y una nube de africanos empezó a regresar a las ciudades de donde venían. Se instalaron como pudieron, y sólo pudieron hacerlo precariamente, si no miserablemente. Pero resistieron. Huelgas, protestas, desobediencia civil, hasta que el mundo empezó a fijarse más, especialmente cuando fueron apresados Nelson Mandela y otros líderes del Congreso Nacional Africano. Medio centenar de personas murió en incidentes a comienzos de los años sesenta.

Sudáfrica abandonó la Comunidad Británica de Naciones en 1961 y se aisló. A las autoridades blancas se les hizo cada día más difícil, especialmente por la reducción del colonialismo en Africa y el nacimiento de naciones mandadas por negros, varias con ideas marxistas. La Sudáfrica del apartheid empezó a temer por su seguridad. Cuando tropas cubanas intervinieron en Angola (1988), supo de una primera derrota, pero dos años después se inició un período de paz, fundamentalmente porque se había iniciado el período con el que terminaría el sistema soviético en Rusia.

Faltaba resolver la situación interna. La ONU impuso sanciones económicas y políticas. A mediados de los ochenta ya había explotado la violencia entre los negros marginados. Entre unos y otros, a veces sin importar el color de la piel sino el tamaño de los problemas sociales y tribales. Torturas y censuras no sirvieron. Las sanciones de la ONU, sí. El presidente Botha tuvo que entregar el mando a un reformista, F.W. de Klerk. Desaparecieron las leyes racistas, se soltó a los prisioneros políticos y los sudafricanos se sentaron a conversar. Las elecciones de 1994 llevaron a Nelson Mandela a la jefatura del gobierno. Sudáfrica volvió a la Comunidad Británica de Naciones. La Constitución de 1996 igualó a negros, indios, amarillos y blancos, al menos en el papel.

Ahora los blancos están tan sorprendidos como contentos por la solución pacífica que avanza, y los de sangre africana aprenden a vivir en un país que cambia lentamente. Se pensó que al terminar el mandato de Mandela la votación de su agrupación política, la ANC, bajaría su porcentaje de votos. Lo subió. Thabo Mbeki fue hecho presidente en 1999, y, al parecer, un problema político-social-racial que no parecía tener solución, la está encontrando.

Dónde se ubica

Ciudad del Cabo es la capital (legislativa) más al sur de Africa, situada a la altura de Santiago de Chile, por lo cual comparte rasgos básicos de clima mediterráneo, estaciones del año y muchas características de sus paisajes.

Su clima

Los mejores meses para visitar la región -no los más baratos- son los comprendidos entre noviembre y marzo, que corresponde al largo verano del Cabo. En estas fechas, las temperaturas pueden alcanzar los 30ºC. En el sector nororiental la humedad aprieta. Es calurosa en las partes bajas, y más fresca en las altas. Pero en estas altas no faltan lluvias y la niebla se va y vuelve. Muchos de los meses restantes son de sol brillante -de abril a octubre-, pero sin olvidar que en la etapa final del invierno Ciudad del Cabo sufre tormentas terribles, aunque sólo duran un día o dos. El resto del tiempo el invierno es suave, con excepción de las partes altas, en las cuales hasta suele nevar. Para evitar las tormentas hay que dirigirse hacia el interior: tiene siempre buenas temperaturas.

En abril, julio y septiembre, por vacaciones escolares, se llenan los parques nacionales y las playas. Suben los precios. La temporada realmente cara es desde mediados de diciembre hasta finales de enero.

A qué museos ir

Ciudad del Cabo y otras poblaciones de la misma provincia tienen un importante número de museos de gran mérito y variedad, y buenas salas de exposiciones. En la siguiente lista, cuando se trata de un lugar distinto a Ciudad del Cabo se identifica en la dirección. Recientemente se ha encontrado en la costa sur del Cabo el ejemplo más antiguo de arte abstracto, datado en 70.000 años.

1. Bo-Kaap Museum: Patrimonio cultural musulmán. De alto interés. 71 Wale Street.

2. Coopmans-de Wet House: Museo de antiguas artes decorativas, importante cantidad de muebles y objetos sudafricanos de siglos anteriores. Porcelanas y cerámicas chinas y holandesas. 35 Strand St.

3. South African National Gallery: Dedicada al arte contemporáneo, fundamentalmente europeo y sudafricano. Algunos artistas: John Walker, Michael Porter, Gary Wragg, Alan Davie y Ronald Kitaj. Government Ave./Devil´s Peak, Garden, Ruta Jardín.

4. The South African Jewish Museum: Museo visual interactivo y de alta tecnología sobre la historia de los judíos sudafricanos. Vecino a la sinagoga. 88 Hatfield St.Ciudad de Garden, Ruta Jardín.

5. William Fehr Collection: Magnífica colección de pinturas y muebles. En Castillo de la Buena Esperanza, el más antiguo de Sudáfrica. También hay salas del tema militar, históricos y ciencias naturales: giras guiadas llevan por las cámaras de torturas, las celdas con grafittis antiquísimos y buena parte de las exhibiciones. Buntenkant.

6. Slave Lodge: El Pabellón de Esclavos es el segundo edificio más antiguo de Sudáfrica. Sirvió de alojamiento para esclavos de la Compañía Holandesa de la India del Este. Ahora sala de exposiciones temporales. Presenta Imagen Africana: El arte tradicional y contemporáneo de África. 49 Adderley Street.

7. Association for Visual Art: Una galería de arte sin fines de lucro dedicada a pintores sudafricanos. Pleno centro. Church Street.

8. The Gold of Africa Museum: Más de 3 millones de dólares estadounidenses en oro africano exhibido en un lugar histórico. Martin Melck House. 96 Strand Street.

9. Bertram House Museum: Artes decorativas e historia social de la ciudad. Government Ave./Orange St.

10. The South African Museum: Arte africano, pintado de rocas, etcétera. 25 Queen Victoria Street.

11. Michaelis Collection: En la Old Town House se presenta una importante colección de arte y objetos, una de las más valiosas de Ciudad del Cabo. Greenmarket Square.

Dónde comer rico

La cocina del Cabo no oculta la influencia malaya, que se funde con la de grupos africanos, holandeses, ingleses, malayos y los esclavos traídos de Bengala, Java y Zanzíbar, en donde la carne de vaca, pescado o cerdo se combina con los sabores de las frutas y especies para producir guisos llamativos de sabor agridulce.

Europa también dejó su huella en la cocina. Las papas fritas, el filete, la verdura cocida y la salchicha boer (vocablo holandés que se pronuncia bur y significa campesino). Es la comida domestica. También pescados y otros frutos del mar. Todo sencillo. Los vegetarianos no necesitan abstenerse.

Cuando el sudafricano va a restaurantes, busca lo distinto, no sólo lo mejor. Los platos propiamente sudafricanos se sirven rara vez en los restaurantes.

La ciudad puede resultar una gran sorpresa para los regodeones, ya que tiene restaurantes buenísimos y hasta muy sofisticados. El Kaapse Tafel (Victoria Str., frente al Planetarium) no olvida sus raíces sudafricanas. Y combina platos holandeses con indonesios y malayos, como el suculento Bobotie con arroz amarillo. Es la mejor forma de conocer el paladar criollo.

Los que prefieren buscar algo más distinto, no deben dudarlo un minuto: el Africa Café (213 Lower Main Road, barrio Observatory) y el Mama Africa. Ambos han hecho un culto de la perfecta cocina indígena, para paladares cosmolitas: bistec de kudú, parrilla de caza, cocodrilo con salsa de maní, kebabs de kudú y otras experiencias para recordar. El antilopito kudú, sabroso, de hermosos cuernos, abunda y su caza se encuentra permitida (entre los que usan rifles se ha visto más de algún chileno).

El restaurante Mama Africa se encuentra en la principal calle: Long St.178. Los paladares convencionales y exquisitos tienen el ecléctico Rozenhof (18 Kloof St.), y los jazzistas el Green Dolphin, que desde 1990 se dedica a difundir esa música de genes africanos, especialmente la del escocés Jim Galloway, la estadounidense Natalie Cole y el tejano Herb Ellis, en miles de performances. Ofrece Jazz Menu y otros pretextos sabrosos y ligeros para saborear la música inmortal. Victoria & Albert Arcade.

Datos de compras

Existen tres calles de nombres breves y compras largas para los que buscan lo pintoresco: Bree, Long y Loop, todas en la parte antigua de la ciudad, y en tiendas en que domina la presencia judía, una comunidad importante, antigua y orgullosa, que creó las primeras granjas de avestruces en Oustshoorn. (El propio ex canciller Abba Eban nació en Ciudad del Cabo, así como otros que ayudaron a construir el Estado de Israel).

Después de ellos han llegado al comercio los inmigrantes de la India -más abundantes en Durban- y los descendientes de esclavos malayos, que han prosperado notablemente en muchas áreas. Son el alma del interesante barrio malayo, de casas blancas, encaladas, con viejas mezquitas de color pastel, donde el almuédano llama a la oración desde los alminares.

Las calles comerciales del centro van entre Golden Acree y los Strand St. Concourses. Uno conduce al otro por un laberinto de paseos y plazas, con todo tipo de comercio.

El rubro más llamativo para el comprador extranjero es el del oro y los diamantes, aunque la mayor parte opta por gemas semipreciosas, como ojo de tigre, ágata, jaspe, verdita, amazonita, amatistas y calcedonias. En todos estos casos, el precio tiene ventajas respecto de la mayoría de los países, pues Sudáfrica es gran productor.

Un buen lugar para comprar y divertirse son los ex muelles, ahora llamados V&A Waterfront (Ver No se lo pierda, Las vitrinas del Cabo). También son importantes las calles Adderley y Herrengracht. Esta nace en Adderley y muere en la bahía.

Después del oro y las piedras, entusiasman las alfombras de lana karakul, las tallas hechas en una madera llamada marfil rojo, y en olivo y tamboti, y las pieles de swakara (karakul o cordero persa).

Las artesanías de calidad son normalmente importadas y de precios muy altos. Existen objetos criollos de los zulúes, hechos en madera o verdita, simples y baratos.

Naturalmente, cualquiera que quiera comprar debe estar atento al mercado callejero de la plazoleta Green Market, en el centro, tanto como a las antes citadas calles Bree, Long y Loop, en la parte antigua. Y no olvidarse de la feria de especias y antigüedades en el Grand Parade, en City Hall.

Vida nocturna

Un viajero entusiasmado escribió que a partir de las sensacionales puestas de sol, Ciudad del Cabo disfruta de una vida nocturna con tanto dinamismo como para poder rivalizar con la de Malibú o Venice Beach en Los Angeles. Pensaba en los antiguos muelles, ahora V&A Waterfront, en el cual se junta toda la movida del Cabo. Es posible pasar una noche entera allí dominado por el entusiasmo y la curiosidad.

Otro viajero, un joven, lo definió como un complejo lleno de pubs y bares donde se encuentra gente joven de todo el mundo. Su noche terminó con desayuno inglés, incluyendo panceta y huevos fritos. (Ver Dónde comer rico).

Otra área animada es la vieja Long St., que acoge a los bohemios y buscavidas entre las tinieblas. Y los que prefieren asomarse al gran lujo de una ciudad como ésta, han construido un circuito nocturno que pasa por tres hoteles dignos de verse cuando la gente elegante se entretiene, entra y sale, o espera algo indefinido. Se parte por el más clásico, el Mount Nelson. Esta noche no sólo exige un auto, sino que uno que sea bien mirado por los botones de cada hotel. Y dólares para pagar una comida o al menos un bajativo.

Mount Nelson Hotel: Escogido no sólo por millonarios, sino también por los que gustan de la vida activa. Nadie debería abandonar la ciudad sin verlo y olerlo. 76, Orange St.

Cape Heritage Hotel: En el área de negocios de Ciudad del Cabo, muy tradicional, característico de Bo-Kaap. 90 Bree St.

Golden Tulip The Lord Charles: Fuera de Ciudad del Cabo, en medio de parques y viñedos. Lugar de conferencias y personajes de todo el mundo. Bueno para dejar la ciudad y tomar el sabor a la vida nocturna en los pueblos, que suelen sorprendernos. Somerset West 7130.

Espectáculos

Varias opciones de espectáculos interesantes -en que ni siquiera falta el ballet de El Quijote, Nabucco ni el Rey Lear- es fácil encontrar en el Artscape Theatre Centre. 1-10 D F Malan Street Foreshore.

Datos prácticos

Taxis: Utilice sólo los identificados con los letreros de Millenium Fleet. (Costo: R 2,00 al abordar y 6,80 por km.).

Objetos de valor: No haga ostentación de ellos en la calle.

Auto: Evite dejar cosas en su interior, mantenga puertas con seguro. Deténgase en áreas iluminadas, y ojalá con gente (bencineras, etc). No acepte llevar a dedo. Si alguien se acerca a su auto de manera amenazadora, trate de abandonar el lugar inmediatamente.

Horario: Sea más prudente después de las 5 de la tarde. No camine de noche, y de ninguna manera sin compañía.

Waterfront: Es uno de los lugares bastante seguros de la ciudad a cualquier hora. El centro, no.

Trenes: Sólo si es indispensable use trenes de cercanías a las playas o lugares turísticos. Sea precavido en las estaciones durante la noche.

Salud: La salud privada es tan buena como cara. Tome seguro de viaje completo, y lleve tarjeta de crédito para la garantía.

Malaria: No es estrictamente necesario tomar antipalúdicos para viajar por la mayor parte del país. Sin embargo, ciertas áreas del Northern Province y Mpumalanga son reconocidamente zonas de malaria. Si se va a visitar el Parque Krüger, se recomienda tomar medicación antipalúdica.

Playas

Las playas de la costa atlántica son hermosas, pero comparativamente frías. Sea Point, la principal, al oeste del Centro, a 20 minutos en taxi, es un buen lugar para alojar.

En la misma costa, las cuatro famosas playas de Clifton; y la otra, igualmente maravillosa, de Camps Bay. Pero el agua nunca es exactamente tibia, ni siquiera en verano. Hermanus, playa a hora y media de la ciudad, cuyo clima, sin ser tipo caribeño, invita a quedarse para salir en busca de ballenas y delfines. Es un lugar de turismo bien desarrollado.

Más templadas son las playas del Indico en la Ruta Jardín. Pero hay mar cálido, tranquilo, sin alejarse mucho de Ciudad del Cabo: Muizenberg, Fish Hoek y The Boulders. En Boulders puede ver pingüinos.

La Ruta Jardín disfruta de las mejores, aunque más distantes playas: las de Buffels Bay, Sedgefield y Plettenburg Bay.

 
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