¿Por qué debería ir?
Hace miles de años, Arica era la puerta más importante al Pacífico que tuvo el Mundo Andino. También en la Colonia. Y en el siglo XXI sigue siendo puerto principal. Por eso, si queremos conocer el mundo de los aymaras, escuchar el quechua y ver restos del Imperio Inca, hay que acercarse a la primera ciudad chilena del norte. También si queremos playas siempre asoleadas y primaverales, o seguir a Machu Picchu y a las maravillas del Titicaca y el Tiwanaku. Sin movernos de Arica podremos saber por qué las momias de su museo son más antiguas que las egipcias. También las más sorprendentes. Por eso han llegado hasta allí el Discovery Channel y la revista National Geographic, convirtiéndola en estrella internacional.
¡No se lo pierda!
Viaje a otro mundo. El Parque Nacional Lauca, centro del mundo aymara en territorio chileno, es como cambiarse de planeta. Todo lo que nos resulta habitual, desaparece, y deja su lugar a un espacio lleno de belleza, que empieza con los azules potentes del cielo, los volcanes recién pintados de blanco, los pastizales y bofedales, que construyen un horizonte perfecto. Y todavía no hemos hablado de los meditabundos rebaños de llamas y alpacas. Cuando han pasado por el proceso del floreamiento, en que se le cuelgan borlas de lana colorida en las orejas, simplemente parecen un jardín inquieto. Inquietante, también, por su mirada algo triste. Se diría que cargan miles de años de paciencia, siempre al servicio de estos hombres y mujeres morenos que los creen seres humanos de otras épocas, y por eso les hablan llamándoles compadres. Nos encontraremos con Parinacota, creado por los aymaras u otros nativos, antes de la llegada de los españoles, como todos los pueblos de la provincia de Arica, con la única excepción de Belén. Parinacota (laguna de parinas) tiene poco más de un centenar de habitante, y ha sido por siglos un lugar de encuentro de caminos troperos andinos. Por aquí pasaron millones de mulas y llamas cargando la plata de Potosí hasta la rada de Arica. Se encuentra a tres kilómetros de la moderna ruta de Arica a La Paz. Desde el siglo XVII tiene en su centro una ingenua iglesia católica, con frescos impresionantes, platería, imágenes de santos coloniales. Su fachada de piedra, el coro y el cierro son producto de una restauración de 1871. Para disfrutar este viaje excepcional no basta saber apreciar sus bellezas escénicas, realmente notables. Debemos saber lo que ha ocurrido en este escenario y no pensar que se trata de un desierto verde habitado por indígenas sin mérito histórico. Hay que hacerlo con pausa y con tiempo. Dice un gran cronista ariqueño, severo como el más: Vender pasajes al altiplano sin lo anterior es vender soroche, mareo, cefalea, algunos paisajes hermosos y un mero yo estuve ahí. Exagera, claro. La mayoría lo hace por unas horas, y goza intensamente el viaje aunque a algunos pueda molestarles la altura. Casi todos regresan por más. Y la razón es simple: no hay muchos lugares en el mundo entero que puedan compararse a un recorrido por el altiplano desde la altura de Arica hasta Iquique. Al viajero le cambia su modo de pensar. Para siempre.
Salar de Surire. Majestuoso. Sales muy blancas, lagunas azules, flamencos rosados durante todo el año, crías de llamas y alpacas pastando en las orillas, vicuñas asustadizas en el horizonte. Por largos ratos, un grabado del Paraíso en versión andina. Se encuentra ubicado en la comuna de Putre, provincia de Parinacota, a 4.200 metros de altura. Un lugar para no saltarse en la visita al Altiplano de Arica. CONAF proporciona alojamiento limitado. Se ubica a 266 kilómetros al sureste de Arica. Monumento nacional desde 1983.
Putre era otra cosa. Muy importante en tiempos de la colonia, como lugar de paso para el comercio y transporte de plata desde Potosí. En 1825 empezó a languidecer por la independencia de Bolivia y el desvío del tráfico a Antofagasta, en desmedro de Arica. El turismo le está dando vida nueva, junto con la ganadería y la agricultura. Muchas de sus casas aún conservan los portales elaborados en piedra tallada en el siglo XVII, su siglo de oro. Tiempo promedio de viaje a Arica: 3 a 4 horas, vía ruta CH-11 Arica - Tambo Quemado. Sus principales localidades: Putre, Tignamar, Belén, Parinacota, Guallatire, Socoroma, Chapiquiña, Guallatire.
Tren sin pasajeros. El Ferrocarril de Arica a La Paz es sólo de carga. Su estación y andén de Arica fueron declarados monumento nacional. El Estado chileno lo administró desde su construcción, en 1914, hasta 1997, cuando pasó a manos privadas. Hoy tiene propietarios mayoritarios bolivianos, vinculados a la familia del ex presidente Banzer. Su creación fue parte del Tratado de 1904, firmado luego de la Guerra del Pacífico.
Iglesia para armar. San Marcos fue construida por los talleres Eiffel de Francia entre 1871 y 1875, por iniciativa del gobierno de Lima. Estaba destinada a la ciudad de Ancón, pero fue armada en Arica, en reemplazo de la iglesia matriz, destruida por el terremoto de 1868. De inspiración gótica y en materiales de moda en la arquitectura europea de su época. Su estructura es de hierro, con planchas laminadas y triángulos o escuadras entre columnas y vigas de cubiertas, unidas mediante ensambles y pernos.
Pukara de Copaquilla. Esta fortaleza indígena del siglo XII, monumento nacional, domina un valle de gran belleza. Se encuentra a 100 kilómetros de Arica, cerca de la carretera internacional. Impresiona a todos los turistas en viaje a la laguna Chungará, cuando se detienen en el mirador, poco antes de llegar a Zapahuira. En su interior vemos unos 100 recintos de muros circulares y piso de piedra. Desde este lugar se puede observar el valle de Lluta y el lugar donde se origina. Restaurante y camping de Alexis, donde su dueño sirve mate de coca y chachacoma para ambientarse a la altura. Tortillas y pan hecho en casa.
El famoso Morro. Nada más característico de Arica que su Morro, el último cerro de la cordillera de la Costa, con algo más de 100 metros de altura, que parece dispuesto a sumergirse en el Pacífico. Hay un camino entre medio que se lo impide. Fue declarado Monumento Nacional durante el gobierno de Salvador Allende. Luego se construyó el Museo de Armas (ver A qué museos ir). En la cima sobresale una plazoleta con monumentos que recuerdan la Guerra del Pacifico y el espectacular asalto y toma del Morro el 7 de junio de 1880.
Momias de 70 siglos. La que hoy llamamos momias de Chinchorro, más antiguas que las del viejo Egipto y que cualquiera otra, parecen el capricho de un pueblo que se hiciera sedentario en Arica hace nueve mil años. Vivir aquí resultaba fácil: tenían un mar lleno de peces y mariscos, y aguas dulces que surgían en el valle. Esa facilidad, según parece, dejó tiempo para desarrollar el ocio creativo, y así nacieron algunas momias de niños, primero, y de mujeres, más tarde. Escasos varones. Podemos hablar de capricho, por ahora, pues se ignora si hubo alguna razón superior para hacerlo. Estos hombres no tuvieron iniciativa en materia de agricultura, escritura, fundición de metales ni cerámica. Todo en su vida resulta simple, salvo la momificación, que los ha hecho conocidos en el mundo científico, y ahora en el turismo. Sus momias principales se conservan en el Museo Antropológico del Valle de Azapa. Pasada una etapa de aprendizaje en la quebrada de Camarones, las primeras momias bien logradas tienen unos 7.000 años, y las hicieron los chinchorreros, que habitaban la costa del desierto de Atacama desde Ilo, en el actual Perú, hasta Antofagasta. Las primeras momias Chinchorro han sido descritas como un muñeco armado a partir de los huesos, recubierto por piel y estabilizado por palos que reemplazaban o reforzaban a los huesos. Las más antiguas son negras, con el cuerpo recubierto con manganeso. Sobre el rostro se instalaba una máscara de arcilla muy simple, también recubierta con ese pigmento. Se faenaban los cadáveres retirando y conservando la piel. Al cuerpo le eran eliminadas las otras partes blandas. Piernas y brazos eran separados del cuerpo, y del cráneo se retiraba el encéfalo. Manos y los pies se dejaban secar. El esqueleto era estabilizado con maderos y amarras y las cavidades se rellenaban con cueros animales, vegetales secos, ceniza, arena, plumas y otros elementos. En seguida eran colocados el cráneo y la mandíbula en su lugar, bien amarrados al conjunto. El conjunto se cubría con piel del cadáver o cuero de lobo de mar, para ponerle luego el pelo del muerto o una peluca. Como se ha dicho, terminaba la faena agregándole una máscara de arcilla pintada de negro.
Más tarde, hace unos 4.500 años, las momias de cuerpo pintado de ocre rojo, y máscara siempre negra, muestran un perfeccionamiento notorio. No se desarticulan las extremidades ni se descarnaban los huesos, sino que se vacían los órganos a través de sistemas dignos de un cirujano moderno. Es cortada la cabeza para retirar el encéfalo, los músculos se extraen a través de incisiones en la región inguinal, rodillas y hombros, y el cuerpo vacío se seca con brasas o fuego y luego rellena usando vegetales, barro y lana. Para darle rigidez al cuerpo, le ponían palos metidos a través de las incisiones. Luego eran suturadas las incisiones usando cabellos. El resto era igual, salvo que se cubrían los genitales con cuero, lana o fibra vegetal. Existe una variedad de momia en la cual la piel era retirada completamente, en tiras. Al final se volvían a poner, aunque en forma rudimentaria.
La momificación artificial fue practicada por 35 siglos en el área de Arica. Se abandonó hace 37 siglos. Fue, según las evidencias, una invención local, no importada de otras latitudes. Las primeras fueron halladas en 1917, dentro del sector de la playa de Chinchorro, pero no se pudo determinar su verdadera antigüedad. En 1983, en el Morro de Arica, se hizo un hallazgo casual de casi 100 momias, en un cementerio indígena, y ya existían fórmulas seguras para determinar su edad.
Valle de Azapa. Queda junto a la ciudad en su extremo sur, y se interna por varios kilómetros hasta la precordillera, siguiendo el curso del río San José, entre quebradas. El sector rural se dedica a olivares y cultivos de tomates. En el pueblito de San Miguel de Azapa, se encuentra el Museo Arqueológico que conserva las momias de Chinchorro. El valle fue lugar de poblamiento indígena desde el período arcaico. Existen sitios de interés arqueológico como pukaras, geoglifos y antiguos asentamientos.
Si tiene más tiempo
Huellas incas en Lluta. Para ir al Chungará y a Bolivia desde Arica, todos pasan por Lluta, casi sin verlo. Pero es un valle con interés propio, y no sólo por los geoglifos que vemos desde la ruta. Hay una serie de huellas dispersas que en su conjunto conforman una parte fundamental del pasado de Arica. Vale la pena partir muy temprano. A pocos metros de la carretera ya encontramos el complejo de colgas subterráneas de Huaylacán. Son como las despensas incas, grandes perforaciones en la tierra donde, en su última época, depositaban alimentos. En el kilómetro 15 podremos visitar los casi ignorados petroglifos de Rosario, pero necesitamos pedir permiso para atravesar una chacra. Más adelante subiremos por la ladera sur del Valle y así visitar las ruinas de tres poblados prehispánicos, cada uno con su cementerio. Siguiendo el mismo camino internacional, unos kilómetros adelante podemos recorrer las ruinas de Mollepampa, dejadas por los incas, de quienes este lugar fue centro administrativo imperial. Desgraciadamente, los ladrones de tesoros arqueológicos, los huaqueros, han pasado por ahí dejando sus crímenes a la vista.
Vida de 9.000 años. Si nos salimos de las rutas habituales, los alrededores de Arica dan para una semana de recorridos que interesarán a los que prefieren ver la historia y la arqueología lejos de los libros y los museos. Zapahira, kilómetro 111 del camino a Chungará, es el punto de desvío para el pueblito de Belén y varios otros bellos lugares de la precordillera. En la vecindad del pueblo de Belén, fundado por los españoles, podemos encontrar cientos de cuevas o aleros donde se han encontrado evidencias de habitantes humanos de hace 9.500 años, llegados no mucho después de la última gran glaciación. El alero principal se encuentra muy cerca del lugar llamado Tojo-Tojone. También cerca de Belén, si nos desviamos al poniente, entraremos al valle de San Andrés, donde se encuentra Pachama, un pueblo deshabitado que conserva una hermosa iglesia del siglo XVII. Tiene frescos internos y externos del XVIII. Y pasado Chapiquiña podemos avanzar por tramos del Camino del Inca, que corre un costado de la ruta. Suma y sigue…
Viaje a La Paz. Desde Arica se puede viajar por el Camino Internacional, vía Tambo Quemado, que pasa por todo el Altiplano chileno. La distancia es de 506 kilómetros, pero el tiempo es más largo que en un viaje nacional, por los trámites de Aduana, revisión de vehículos, etcétera. En total, 7 a 8 horas. Otra opción es la ruta por Perú (Tacna, Desaguadero), de 430 kilómetros. Requisitos para ingresar a Bolivia: pasaporte visado (si es chileno no necesita visa) y licencia de conducir internacional (trámite breve en el Automóvil Club de Chile en Arica, Santiago y otras ciudades). Conviene llevar pesos bolivianos en sencillo. Al otro lado, en el sector rural, puede ocurrir que quien controle pida algún estímulo. No gran cosa. Si nos ponemos difíciles, no faltará alguna razón para multarnos. Sea prudente al manejar. Los camiones corren como en Indianápolis.
Tacna. Puede ser interesante para quien sea buen viajero o para el que nunca ha salido fuera de Chile. Se encuentra a 54 kilómetros de Arica y a 36 de la frontera. Zona Franca y activo comercio de tejidos de lanas de alpaca y llama. Para ingresar, se requiere de un trámite simple de inmigración. Para una estadía prolongada, se debe conseguir un salvoconducto. El camino es posible hacerlo tomando la Avenida Santa María o bien por la Costanera Sur, bordeando la Playa Las Machas. Al pasar la desembocadura del Río Lluta se llega al desvío a Villa Frontera, luego se accede a la Carretera Panamericana A-5, hacia el Perú. Cada vehículo particular debe llenar una relación de pasajeros con los datos del vehículo y sus ocupantes en 8 copias (4 de ida y 4 de vuelta), además de las tarjetas de inmigración para las aduanas chilena y peruana,. Estos formularios se pueden comprar en un puesto de bebidas que hay en el camino, frente a la subcomisaría Chacalluta. En el paso de este nombre se realizan los controles de Aduana y Policía. Un kilómetro más adelante se repiten los controles en territorio peruano, aduana de Santa Rosa. A 30 kilómetros se encuentra Tacna, en camino con fuerte control de carreteras. En los trámites y en la ciudad se suele advertir una indefinible rivalidad entre tacneños y ariqueños, que viene desde la época colonial, y algo se agudizó después de la Guerra del Pacífico. Es más una suave tirantez entre ciudades que entre países, como vemos en Chile entre ariqueños e iquiqueños, entre San Felipe y Los Andes. Conviene visitar cerca de Tacna (21 kilómetros) los petroglifos de Miculla y su puente colgante. Para compras baratas, vaya a las ferias de Tupac Amaru, Polvos Rosados y 28 de Julio, o al mercadillo Bolognesi.
Esquina del Altiplano. Cada domingo, se realiza una feria muy particular en un lugar fronterizo en que hacen esquina Chile, Perú y Bolivia. Es posible pasar caminando desde este lugar, Visviri, al primer pueblo boliviano, Charaña, sin trámite especial. Salvo el control aduanero. Aquí la frontera se hace invisible. Comerciantes de los tres países se compran y venden, utilizando puestos en un sitio eriazo, con espacios cuidadosamente repartidos. Por la natural competencia comercial, es fácil darse cuenta que en lugar de ser un espacio de encuentro, es un campo de batalla comercial a escala pequeña. La mayoría de la gente es aymara, y apenas hemos visto turistas, aunque es fenómeno digno de verse, pues nos lleva a costumbres milenarias de mercado. Venden desde chuño hasta ropa de moda. Entre los vendedores aymaras se advierten diferencias: desde el que usa manta colorida, ojotas y sombrero y habla quechua, hasta el que viste como en la ciudad y no como campesino, sin dejar de ser aymara. El campesino viene caminando desde algún caserío del altiplano, y los demás en camiones o buses desde Tacna, Arica y hasta de La Paz. El comercio es muy antiguo aquí, aunque inicialmente era mediante trueque. Sólo en 1987 se legalizó, con controles aduaneros y todo. Los aymaras de Chile llevan cueros y lana; los del Perú, comestibles, radios; los bolivianos, productos de chacras.
Conozca su historia
Pocas ciudades de Chile han sido tan protagonistas de la historia americana como Arica, antes y después de la conquista española. Y pocas han sufrido crisis más devastadoras. Lo que hoy vive puede considerarse una situación a mitad de camino de las vidas extremas que tuvo por varios milenios.
Veamos, por ahora, lo ocurrido hasta hoy en la zona de Arica desde que Francisco Pizarro hizo entrega de su territorio y su población nativa a los encomenderos.
Puerto principal
En la primera etapa, hasta fines del siglo XVII, Arica fue una ciudad protagonista de la historia económica sudamericana. Vive cerca de 160 años de abundancia, a pesar de sufrir la agresión permanente y aterradora de la malaria. Por su emplazamiento estratégico, es el puerto de mayor movimiento en la costa del Pacífico. Y eso se explica porque Sudamérica tenía su centro de poder en los Andes, por influencia de los imperios nacidos en torno al lago Titicaca, los de Tiwanaku e Inca. Todo lo que salía o llegaba debía trasladarse a lomo de llama, luego a mula –200 mil mulas formaban la flota terrestre hacia el 1700-, y Arica era el lugar más próximo y conveniente para embarque y desembarque. La mina de plata de Huantajaya y luego la de Potosí convirtieron a Arica en un hervidero de barcos, mineros, esclavos, animales. Recibía el azogue (mercurio) de España y Huancavélica para mandarlo a las minas del interior, y embarcaba a Europa la plata y otros minerales. Se consolida así un desarrollo local asombroso, componente de una de las más grandes empresas capitalistas de la historia de América, dice el historiador Dr. Renato Aguirre Bianchi. Pero advierte que Arica no pasaba de ser algo más que una aldea, porque -por culpa de la malaria- buena parte de los españoles moría si estaba en el lugar por más de un par de años. Los más resistentes (o fáciles de reemplazar) eran los africanos, la mayoría esclavos, algunos de cuyos descendientes todavía viven en Arica, unos pocos portando la anemia drepanocitósica, que protege contra la malaria. En 1620, había en Arica mil esclavos negros y un centenar de negros libres.
Todo se derrumba
Entre 1700 y 1850, es decir, hasta avanzada la época independiente, una gran maldición en cadena hizo de Arica casi una sombra de lo que fuera. Potosí estaba en plena decadencia productiva. Ya no era la primera ciudad del Nuevo Mundo. Se produce un siglo de tremendas sequías que se repiten como una letanía de hambre, lo que arruina a los valles próximos a Arica y seca sus olivos. Baja el precio de los minerales en el mundo y también la ley de los minerales en Alto Perú. La malaria produce mortandades mayores aún, lo que ahuyenta a los europeos; y como si todo eso fuera poco, los corsarios amenazan las ciudades de costa. Buena parte de las personas busca otros lugares para trabajar, y servicios importantes de la corona española se llevan a Tacna. También se desvían los embarques a otros puertos, principalmente a Buenos Aires. La independencia americana hace que Bolivia deseche a la peruana Arica y empiece a usar el puerto de Antofagasta (1825); el gobierno de Perú reemplaza a Arica por Arequipa en importantes funciones, y Tacna toma ventajas políticas por haber sido independentista mientras Arica se mantuvo fiel a los españoles. Siete plagas y una más: la población de Arica queda reducida en un momento a no más de 800 negros, mulatos y otros mestizos.
Ni chicha ni limoná
Entre 1850 y el 2000, Arica se consolidó como ciudad. Ha sido la mejor etapa de su historia, sin duda, salvo que la comparáramos con ciudades que antes no eran nada y hoy son más grandes y prósperas. Es precisamente la comparación lo que hace decir a muchos de sus más lúcidos habitantes, que Arica no ha sido chicha ni limoná en el último siglo y medio: ni un puerto clave del mundo andino de la primera época, ni tampoco el pueblo de fantasmas en que se transformó a fines del XVIII y comienzos del XIX.
Veamos qué paso en este período. Cerca de mediados del siglo XIX empieza a notarse un renacimiento por la disminución de la malaria, la abundancia de aguas en los valles, y porque vuelve a tomar una cierta importancia como ciudad de tránsito de mercaderías y personas gracias a la prosperidad de La Paz y Cochabamba. En 1855 ocurre algo determinante: el gobierno central del Perú construye el ferrocarril de Arica a Tacna, ciudades rivales por siglos, pero que se necesitan. También es inaugurado un hermoso edificio para Aduanas en 1874. Es época de sonrisas. De ñeque. Pero en 1868, un sismo poderoso rompió el suelo marino y produjo maremotos que dañaron gravemente a la ciudad. Este mal vino con otra compañía: la fiebre amarilla, que arrasó con la población de Arica y otras ciudades (Iquique y Cobija, por esos años el principal puerto boliviano). Nueve años después se produjo otro maremoto, quizá menos devastador, pero que hizo poco por mejorar las esperanzas de la población.
Así de malherida estaba cuando sobrevino la Guerra del Pacífico y Arica pasó a manos chilenas. En 1913, con la inauguración del ferrocarril Arica a La Paz -que aún se mantiene, pero sólo lleva carga-, volvió a ser un puerto importante para Bolivia. Formalmente, se hace chilena en 1929, gracias a un plebiscito concordado con Perú y que también confirmó a Tacna como ciudad peruana. En 1953, Chile le otorga las garantías de Puerto Libre. Se inicia un largo período de actividad comercial intensa, y uno más breve de auge industrial. En la actualidad nada queda de eso: es zona franca de extensión, para compras menores. El gobierno, eso sí, construye algunos caminos interiores muy necesarios y también uno internacional, a Bolivia. Pavimenta, además, en los años sesenta, la Carretera Panamericana Norte.
La ciudad perdió importancia relativa cuando a Iquique se le otorgó la capitalidad de la I Región durante el gobierno militar (1973-1990). Los ariqueños luchan ahora para que se cree una nueva división regional, con Arica como capital. Es posible que ocurra. Son enormes las dificultades para administrar un área tan extensa. Hoy, Arica es básicamente una ciudad que vive de la agricultura, el turismo y la pesca industrial. Algo muy parecido -paradójicamente- a lo que sabemos de sus orígenes, hace miles de años. Revisemos su prehistoria, que es una de las más interesantes que puedan exhibir ciudades chilenas.
Momias, pero no pirámides
Discovery Channel y la revista National Geographic Magazine se han ocupado de las momias chilenas del Chinchorro. Muchos siglos antes que los egipcios, a los pies del Morro de Arica se embalsamaban cadáveres de niños y luego de mujeres. Eso comenzó a suceder hace unos siete mil años, y se ignora las razones de tales prácticas. Lo que sí se sabe con seguridad es que tal avance no se produjo simultáneamente con otros conocimientos, como ocurriera en Egipto y demás sociedades. Los que momificaron en Arica fueron los aborígenes de la cultura Chinchorro, y parte de su sorprendente arte mortuorio se exhibe en el vecino Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa (ver A qué museos ir).
Los chinchorreros eran, básicamente, pescadores y mariscadores, capaces de autoabastecerse de comida. No sabían de agricultura, de escritura, metalurgia o siquiera de alfarería. Apenas entraban a los fértiles valles vecinos en busca de alguna presa fácil. Miles de años tardaron en pasar de la etapa Arcaica ya descrita, a la Formativa, alcanzando algunas nociones de agricultura, de cerámica, de metalurgia y de construcción de aldeas.
El imperio de entonces estaba instalado en el Altiplano, fundamentalmente alrededor del lago Titicaca, teniendo como punto culminante Tiwanaku, ahora parte de Bolivia. En forma blanda, los Tiwanaku expandieron su poder como una gran mancha que se agrandó, hasta llegar finalmente al Pacífico, tocando la costa de Arica. Era la consecuencia natural de la domesticación de los camélidos -principalmente llamas-, con los cuales subían y bajaban del altiplano a los valles, buscando pastos y aguas, temperaturas adecuadas y rutas comerciales. Arica, por consiguiente, pasa a formar parte del gran mundo del altiplano sin que sus habitantes dejen la costa y los oasis del desierto. Esa relación dura siglos. Tras el colapso del Tiwanaku, hace unos mil años, los ariqueños desarrollaron una organización social, económica y militar propia, conocida como Cultura Arica. Muy pronto llegaron los incas, que produjeron un viraje fuerte. Y detrás, los españoles, que hicieron el cambio definitivo, radical, demoledor, ignorantes como eran de las costumbres americanas. Los nativos fueron sacados de su mundo conocido y sabio, se destrozó su relación cotidiana, con sus dioses, y se les llevó a las minas de plata. Unos siete millones de hombres andinos, principalmente quechuas del derrotado imperio inca, murieron en esas tareas y en esas esclavitudes desconocidas.
El historiador Dr.Aguirre Bianchi, que hace una fundamentada defensa de la ciudad adoptada como propia, dice: Resulta difícil imaginar qué habría ocurrido con el mundo andino construido a partir del Titicaca si no hubiera tenido el aporte de los valles y la costa, entre los cuales Arica era el principal.
Sueña para Arica nuevos siglos de protagonismo.
Dónde se ubica:
Arica es la ciudad chilena más próxima a la línea del Ecuador, en la mitad de Sudamérica. Está situada sobre la costa del Pacífico, a 18 kilómetros del límite con Perú, y unida por carretera con La Paz, Bolivia (la distancia se cubre en ocho horas de viaje por carretera asfaltada). Arica ocupa parte del fértil valle de Azapa, y es la puerta de entrada al Altiplano. Distancias: a Antofagasta, 700 kilómetros; a Copiapó, 1.270; a La Serena, 1.591; a Santiago, 2.062; a Tacna, 54, y a La Paz, 720.
Su clima:
Arica y Río de Janeiro se encuentran casi en el mismo paralelo. Sin embargo, Río tiene clima tropical; y Arica, templado, por influencia de la corriente fría de Humboldt. Su clima puede definirse mejor como de tipo desértico costero. Sus veranos alcanzan una temperatura promedio máxima de 28°C. y una mínima de 19. En invierno, ambos promedios son de 18 y 13. Las lluvias no existen, salvo -muy excepcionalmente- durante el llamado invierno altiplánico (verano). Tiene abundantes horas de nubosidad cada día, principalmente en las mañanas. En Putre, precordillera, las condiciones climáticas son las propias del desierto marginal de altura. Tiene temperaturas bajas, con un promedio que varía entre los 10°C. en el mes más cálido y -5°C. en el más frío. Las lluvias se presentan en verano, con un promedio anual de 300 milímetros. Sobre los 4.000, metros el clima es de estepa, con precipitaciones en verano y temperaturas que varían entre los 5°C. y -10°C.
A qué museos ir:
Museo Arqueológico San Miguel de Azapa:Se exhiben las momias de la cultura Chinchorro, las más antiguas del mundo, descubiertas junto al Morro, casualmente. Lo más distintivo de la ciudad desde el punto de vista cultural. Se cubre un período de 10 mil años, desde la época en que los ariqueños primitivos eran pescadores y cazadores. Camino a Azapa, kilómetro 12.
Museo Histórico de Armas:Un lugar interesante en el Morro, imponente formación rocosa fortificada, que fue tomada en menos de una hora por fuerzas de Chile en la Guerra de 1879. En el museo se recuerda el hecho, en un evitable tono apologético.
Dónde comer rico:Los insaciables de la comida chilena encontrarán en los restaurantes de la Costanera, frente a las playas La Lisera y El Laucho, restaurantes de pescados, mariscos y carnes rojas. Veamos la carta… Paila Marina, perol de mariscos, ceviche, entrecot o T-bone, lomo y filete, congrio, lenguado y corvina, reineta frita (para bolsillos cortos), ostras y ostiones, pulpos al pil-pil, aceitunas de Azapa rellenas con ají rocoto, chunchules, pernil… Si se pide con tiempo, en alguno de estos restaurantes pueden prepararle una exquisitez aymara, el curanto andino, llamado guatia, el más completo y sabroso de todos.
Restaurantes
Maracuyá. Frutos del mar y carnes. Comandante San Martín 0321. (Su dirección puede cambiar pronto, porque caducaron sus derechos al espacio marítimo que ocupaba, y fue reclamado por la Armada).
Caleuche. Sólo almuerzo, carta internacional. Comandante San Martín 0331.
Caballito de Mar. Mercado. Colón 565. El rey del marisco. Colón esquina Maipú, segundo piso.
El Tambo. Cocina chilena, carnes. Hualles 2825. Para paladares sin bandera, hay buenos restaurantes chinos o chifas, y varios italianos de calidad.
Comida China El Mesón. Santa María 1364.
L´Nostra Ristorante . General Velásquez 765.
Dimango. Raúl Pey 2592, Chinchorro, y en 21 de Mayo 244, Centro.
Datos de compras:
Si de gastar se trata, lo más natural en Arica es ir a la calle 21 de Mayo. Se encuentra de todo y lo mejor. Con algunas ventajas obvias, porque la ciudad goza de zona franca de extensión, para adquisiciones personales. Los turistas que llegan de tanto en tanto en grandes cruceros, lo que compran es ropa hecha en Chile, como trajes de hombre en casimir, y no en fibra sintética, que abunda en los Estados Unidos o Canadá.
Los rastreadores de artesanía que luego guardan para seguir disfrutando de los sabores del viaje, prefieren ir a la Feria Sangra, o la feria de los domingos que se instala en la Costanera. Quienes buscan calidad y originalidad, prefieren el turístico Pueblito Artesanal, instalado en el camino al Valle de Azapa, que intenta ser una réplica del pueblo de Parinacota. Un grupo pequeño y seleccionado de artesanos que producen en lana, piedra, cerámica, madera. Ahí también funciona el restaurante El Tambo, que los fines de semana añade música folklórica chilena (Hualles 2825). Con suerte se pueden conseguir gigantescas y hermosas trenzas de ajos traídas de Pachica, en el río Camarones. Claro que lo mejor es llegar hasta Pachica. Será toda una experiencia recorrer esa zona.
Vida nocturna:
Será por sus ancestros negros y mulatos ocultos en su historia, pero está claro que nadie necesita darle a Arica lecciones de cómo gozar la noche. Su antiguo casino no es impresionante, y sin embargo se gana a muchos por ser quizá el más informal de Chile, gracias al clima. Trasnochador, con risas jóvenes, íntimo. Sala de baile, bar, restaurante. Los únicos que parecen no asomarse son los turistas gringos que llegan en cruceros que de vez en cuando echan anclas en el puerto. Llevan días a bordo y lo que quieren es ir al altiplano o al valle de Azapa, a ver momias de 7 mil años. Para casinos, tienen los de sus buques. Algunos saben el dato, y de noche se van a la discoteque La Soho -la más moderna y grande del Norte, con gran pista de mármol-, capaz de atraer jóvenes de Iquique que vienen a ocultarse por el fin de semana. Tres pisos, enormes pantallas de video y capacidad para 2 mil personas. Aquí llegan las comadres más ricas, dicen los jóvenes en su nuevo lenguaje. Un lector láser con código de barras reemplaza a los talones de papel prepicados. (Buenos Aires esquina Brasilia, a la entrada de Chinchorro).
La Socho no está sola. La Sunset tiene fuerza propia en el valle de Azapa: se llena con un público más juvenil. Ritmos caribeños, pop bailable y lo que esté pegando. (Camino Valle de Azapa, kilómetro 3,5). El Barrabás es pub que merece ser visto: están todas las tribus en malón: hay todo tipo de personas mezcladas, que se juntan a conversar y a tomarse un buen vino antes de que agarre sabor a vidrio). Ambiente algo circense, con muros de coloridos dibujos grecolatinos y figuras de interpretación abierta. Rock o jazz los fines de semana. Junto al pub, una pequeña discoteca. (18 de Septiembre esquina Lynch).
Frente a las playas, en la Costanera, hay discotecas, restaurantes, pubs, lugares con luces para ir a mirar y caminar. Los más intrépidos toman el auto y después de las 2 de la mañana se van a la isla Alacrán (unida por un puente al continente) y con unos tragos simplemente se estacionan a conversar, a entretenerse observando como se practica la pesca y la caza en las noches juveniles de Arica.
Datos prácticos:
1. Lleve sus palos de golf. Los que no pueden abandonar sus prácticas deportivas regulares, tienen soluciones si las buscan. El Club de Golf Río Lluta, de Arica, hermano de los de Santiago y de otras ciudades verdes, es un ejemplo elocuente. Tiene 18 hoyos en un campo artificial. Pampa de Los Vientos, Cerro Sombrero, kilómetro 7.
2. No olvide que en esta región se necesita -al mismo tiempo- pantalones cortos y camisa o camiseta de algodón sin magas; y pantalones largos, abrigados, y suéter. Si sube a la precordillera y altiplano, cuando se entra el sol hace frío como en otoño, y a veces como en invierno. De día y de noche, por lo tanto, lleve algo para cubrirse la cabeza. Y un protector solar. Puede bañarse en la piscina del hotel como si estuviera en África, y poco después estar bajando una montaña nevada.
3. Si viaje en vehículo propio, averigüe bien dónde hay bencina, cómo están los caminos secundarios. No olvide repuestos mínimos y herramientas. Ojalá un inflador de neumáticos de emergencia. De este modo podrá tener en el Altiplano–con seguridad absoluta- una de las grandes experiencias viajeras de su vida. No deje que un olvido le eche a perder el viaje. Los viajeros que siguen rumbo a Bolivia y Perú pueden conseguir información en los consulados locales y en Policía Internacional.
Le recomendamos:
1. Para enfrentarse mejor a la altura, pida hacer el viaje en dos etapas, con una noche de descanso en el camino antes de subir al lago Chungará, al salar de Surire y a otros lugares que vale la pena visitar con agrado y no con dolores de cabeza.
2. Si debe hacerlo por el día, una recomendación:
coma algo liviano en la noche, y en lo posible no tome desayuno antes de partir. De necesitarlo, prefiera algo simple, sin lácteos y sus derivados.
3. ¿Hará en auto el camino Arica-La Paz?
Averigüe si no hay corte de carreteras por protestas. Llene su estanque, y eso le bastará para el viaje de ida, salvo que el vehículo sea muy consumidor. En este caso, lleve un bidón lleno. La ruta es segura, como para viajar relajado. Ante una emergencia, no desespere. Numerosos camiones con conductores solidarios ruedan intermitentemente en esa ruta.
Playas:
Las aguas de las playas de Arica no son tibias al estilo caribeño, como podría pensarse por los cocoteros; tienen, eso sí, un par de grados más que las de la costa central. En verano y fines de semana, La Lisera parece una colonia de pingüinos por la densidad poblacional. El clima es benigno, soleado, con el cielo azul gris; las playas resultan agradables, pero lucen menos limpias que lo ambicionado por el turista internacional exigente, según el propio municipio. Al sur del Morro se encuentran las playas más apreciadas: El Laucho y la La Lisera. Ambas son pequeñas.
La Lisera, antiguamente caleta Chacota, debe su nombre a los peces llamados lisa, que abundan en sus aguas, apropiadas para el esnórquel y pesca en roca. Es la más hermosa de Arica, buena arena, en una poza natural de dimensiones ideales.
El Laucho. Completamente remodelada y equipada. La zona de baño no es muy grande, pero rara vez se llena. Terraza superior, restaurante.
Playa Brava. En el mismo sector. Muy peligrosa para el baño, tiene gran atractivo por su tranquilidad ambiental. Es posible ver los mejores atardeceres de verano y disfrutar de la naturaleza. Se halla al norte de La Lisera.
Chinchorro. Al norte. Se puede caminar varias decenas de metros mar adentro, entre olas suaves. Tiene heladerías, pubs y la famosa disco Soho que está en su entrada, juegos infantiles, apart hotel y un muelle de pesca deportiva. Motos de agua y windsurf. Se encuentra en el área urbana.
Las Machas. Solitaria, enorme e ideal para caminatas, pesca de orilla y surf, aunque peligrosa. Se extiende a continuación de Chinchorro y llega poco más allá de la desembocadura del río Lluta. Puede verse a simple vista el codo donde dobla América del Sur, ya que se encuentra en esta área. Esta playa es el lugar favorito de camping de los ariqueños. En el verano se trasladan familias completas a acampar durante meses en carpas o vehículos.
Corazones. Unos 15 kilómetros al sur, sector Ancota, se halla esta playa con cuevas naturales y pinturas rupestres.